El Método 8: Afrontar la autoestima “DE CARA”


El octavo capítulo de “El Método” se ha centrado en la autoestima. He intentado dar las pinceladas más importantes sobre este amplísimo concepto.

¿Por qué es tan importante tener una buena autoestima?

La mayoría de las conductas dañinas del ser humano están relacionadas con bajos niveles de autoestima: depresión, alcoholismo, fracaso escolar, delincuencia, inmadurez emocional, malos tratos… ¡Así de importante es tratar de mantener un nivel óptimo de autoestima!

Podemos definir la autoestima como la valoración emocional que hacemos de nosotros mismos (la valoración de nuestro aspecto, de nuestra mente, de nuestro valor como ser humano…). Ten en cuenta que he escrito “valoración emocional” y no racional. Una cosa es lo que pensamos de nosotros mismos y otra muy distinta, lo que sentimos.

Pero ¿Cómo podemos mejorar nuestra autoestima? La autoestima se apoya en dos patas fundamentales: 

1. El respeto por nosotros mismos: SER VALIOSOS

Somos un bien escaso en el universo, nuestra forma de vida es un misterio, nuestra biología es asombrosa… somos los únicos seres de este planeta que tenemos conciencia de nosotros mismos… ¿De verdad no puedes sentir un poco de respeto por tu mera existencia? Estar vivo es un privilegio.

2. La confianza en nuestras capacidades: SER EFICIENTES

Algunas de nuestras capacidades son muy comunes, pero no por eso menos valiosas: afrontar la vida diaria, la capacidad de trabajar, de relacionarnos, de divertirnos, de caminar, de amar… Pregúntale si no a un ciego si tiene valor la capacidad de ver.

Todos tenemos talentos especiales. Sí, tu también. Y si no lo has hecho deberías tratar de descubrir cuáles son. Este artículo puede ayudarte con esta tarea.

A todo esto, le tenemos que añadir que todos tenemos la capacidad de desarrollarnos y mejorar.

 

DE CARA

He creado este juego, esta nemotecnia para que recuerdes fácilmente cómo preservar y mejorar tu autoestima.

D de DETERMINACIÓN
E de EMPODERAMIENTO
C de CONSCIENCIA
A de ACEPTACIÓN
R de RESPONSABILIDAD
A de ASERTIVIDAD

D de DETERMINACIÓN

· Tener claro nuestro propósito de vida.
· Comprometernos con nuestros objetivos.
· No esperar que las cosas sucedan, ¡hacer que las cosas sucedan!
· Decidir nuestro presente y nuestro futuro.

E  de EMPODERAMIENTO

· No tener miedo a ser y expresar quiénes somos.
· Mostrarnos orgullosos de nosotros mismos.
· No fingir que somos otra persona. Ser genuino.
· Reivindicar mi derecho a ser feliz.

C de CONSCIENCIA

· Vivir el presente y no quedarse en “tiempos mejores”
· Ser conscientes de nuestro valor, capacidades, talentos…
· Conectar con nuestras emociones.
· Ser objetivos con revisando nuestro autoconcepto, o lo que es lo mismo: juzgarnos de manera justa.

A de ACEPTACIÓN

· No hacer negaciones de la realidad.
· Diferenciar entre lo que depende y no depende de nosotros.
· Aceptar que pensamos lo que pensamos, sentimos lo que sentimos y deseamos lo que deseamos.

R de RESPONSABILIDAD

· Somos responsables de nuestras acciones y no acciones.
· Somos responsables de nuestra conducta con los demás.
· Somos responsables la manera en que gestionamos nuestro tiempo.
· Somos responsables de cómo nos comunicamos.
· Somos responsables de nuestra felicidad.

A de ASERTIVIDAD

· Ser cuidadosos con las cosas a las que accedemos.
· Anteponer nuestros intereses a los de los demás..
· Ser congruentes con nuestros valores, creencias y convicciones.
· Comprometernos con nuestro bienestar.

PD.: Tener baja autoestima es ¡muy poco sexy!

El Método 7: Asertividad o cómo marcar límites


En la primera entrega de “El Método” de 2018 hemos tratado el tema de la asertividad.

La asertividad es la habilidad para ser claros, francos y directos, diciendo lo que se quiere decir, sin herir los sentimientos de los demás, sólo defendiendo nuestros derechos como personas.

¿Cuántas veces acabamos haciendo algo que no deseamos hacer por miedo a decir “no”? ¿Cuántas veces hemos cedido a los chantajes emocionales de personas con pocos escrúpulos? ¿Por qué nos cuesta tanto marcar los límites?

Normalmente no conseguimos comportarnos con asertividad por miedo, un miedo irracional. Paso a enumerarlos:

 1. Miedo a dañar nuestra reputación.
En ocasiones tememos de manera desmedida no cubrir las expectativas que los demás tienen de nosotros y no queremos ser considerados egoístas.

2. Miedo a perder los afectos.
Es muy frecuente que sintamos que si no hacemos todo lo que nos pide un ser querido, nuestra pareja, un compañero de trabajo… acabemos perdiendo su afecto.

3. Miedo a represalias.
Por ejemplo, miedo a perder un trabajo o miedo a sufrir acoso laboral.

En mi experiencia personal y profesional he podido comprobar como cada vez que alguien comienza a marcar límites lo único que obtiene es un mayor respeto por las personas de su entorno. Siempre y cuando, claro está, verbalicemos correctamente nuestro parecer.

El discurso que hemos de articular a la hora de hacer saber a alguien que límites no debe sobrepasar con nosotros ha de ser: claro, concreto y sin ambigüedades, expresado con un tono un una postura de seguridad, sin necesidad de incluir justificaciones y sobre todo, con el máximo respeto y educación. De esta manera nadie podrá reprocharte nada, y si lo hace… quizá esta persona es un chantajista emocional de manual. ¿Te interesa esa relación?

Para ampliar información puedes escuchar el audio de este mismo post o leer también uno de mis artículos antiguos donde hablo de “los derechos asertivos”. ¡Pincha aquí y comienza a ser más asertivo hoy!

El Método 6: Hábitos poderosos

Hoy en “El Método” de Onda Cero hemos hablado de qué son y cómo podemos crear hábitos poderosos.

Hábitos son comportamientos repetidos regularmente, que requieren de un pequeño o ningún raciocinio y son aprendidos, más que innatos. Los hábitos se forman y operan de manera separada a la parte responsable de nuestra memoria, lo que quiere decir que a penas nos requiere esfuerzo ejecutarlos. Es aquí donde radica su valor. Si consigo incorporar todos los hábitos que me proporcionarán tener el estilo de vida que deseo, lo lograré sin aplicar una gran gasto de energía.

El conjunto de nuestros hábitos forma nuestro estilo de vida.

Cambio radical de vida Vs. nuevo estilo de vida

En muchas ocasiones llegamos a un punto en que nos decimos “no puedo seguir así” y nos proponemos un montón de objetivos a cumplir en un breve espacio de tiempo. “A partir de hoy, todos los días al gimnasio”, “no tomaré alcohol nunca más”, “llamaré a mi madre todos los días”, “escribiré un libro la semana que viene…”

Estos planteamientos son muy positivos, desde luego, pero requieren de un gran golpe de motivación mantenido durante un tiempo. Este puede ser el problema. Hay personas que logran mantener esta motivación el tiempo suficiente como para lograr sus objetivos, pero la mayoría de nosotros, abandonaremos antes de lograr nuestras metas.

La incorporación de hábitos enfocados a la consecución de las mismas metas, pero sin poner tanto el foco en la fecha de cumplimiento de las mismas, es una manera mucho más realista y efectiva de lograrlas. El objetivo es lograr incorporar hábitos de una manera paulatina hasta lograr que no nos requieran gran esfuerzo.

¿Por dónde empezamos?

Te sugiero que te hagas estas dos preguntas:

· ¿Tu estilo de vida te acerca a tus objetivos?
· ¿Qué hábitos debería incorporar en mi vida para ser la persona que quiero ser?

Para poder responder a esta última pregunta estaría bien hacer una lista de todos los objetivos que quiero lograr. Luego escribir al lado de cada objetivo a qué propósito/s obedece cada uno de estos objetivos (echa un vistazo a mi artículo sobre los propósitos). Es momento entonces de empezar a crear la lista de los hábitos que harán posible la consecución de los objetivos de la lista.

Una vez que tengas tu lista de hábitos te sugiero las siguientes recomendaciones.

  1. Elige el momento adecuado para comenzar y hazlo de manera progresiva. Por ejemplo, si quiero ir al gimnasio 4 veces por semana, lo recomendable es acudir una vez la primera semana, dos veces la segunda… etc. Así hasta lograr la frecuencia deseada.
  2. No es necesario comenzar con todos los hábitos a la vez. Quizá sea mejor incorporar un segundo hábito cuando el primero ya no nos supone a penas esfuerzo.
  3. Modera tus expectativas y no estés pendiente de los resultados. Por ejemplo si tu objetivo es alcanzar un determinado peso corporal, no te peses muy frecuentemente. Quizá una vez al mes sea suficiente.
  4. Ten claro a qué propósito obedece este hábito que estás incorporando, sobre todo en momentos en que puedas flaquear.
  5. Permítete fallar. No te castigues si no cumples tu programa a rajatabla. Tropezar no implica que no has caminado, sólo que has de volver a levantarte para continuar.
  6. ¡Celebra cada éxito! Es inportantísimo valorar los logros para mantener la motivación y que tu subconsciente asimile que lo estás haciendo bien.
  7. Por último te recomendaría llevar un diario donde anotar la frecuencia y comentarios respecto a tus hábitos. Esto hará que puedas evaluar tu progreso de manera más tangible.

Ahora que conoces una mejor manera de proponerte un cambio de vida para el año que se acerca… ¿Qué hábitos te propondrás para 2019?

 

El Método 5: El poder del optimismo


El optimismo es el tema central del quinto capítulo de “El Método” donde trato junto a Mónica Gúnther asuntos relacionados con el desarrollo personal.

El optimismo está muy desprestigiado en los tiempos que corren. Parece que pensar y decir que todo es un asco es ser “muy realista” y el optimismo es propio de personas ilusas con la cabeza en las nubes.

Empiezo aclarando que el optimismo no implica no ver las adversidades de la vida, sino tener la capacidad de valorar qué podemos hacer para superarlas. Un optimista afronta los problemas enfocándose en las soluciones y cuando los problemas no tienen solución también hacen algo: cambiar la actitud, aceptar, adaptarse a vivir con esa circunstancia.

El optimismo cura

Tener una actitud mental positiva no sólo no es una frivolidad sino que tiene enormes beneficios. Según un estudio de la Universidad de Yale, quienes tienen una actitud positiva llegan a vivir 7,6 años más. El colectivo sanitario ya sabe que hay una relación directa entre la actitud de los enfermos y la efectividad de los tratamientos a los que se someten. 

Si este beneficio te parece poco, has de saber también que una buena actitud es una de las cualidades que más se valoran en una entrevista de trabajo. Los reclutadores ya saben que en un nuevo puesto un candidato tendrá cosas nuevas que aprender. La única manera de intuir que un nuevo empleado superará su periodo de adaptación es evaluando su actitud.

El decálogo de la persona optimista

Los acontecimientos diarios disparan de manera “automática” en nuestra mente pensamientos. Solemos pensar que tenemos poco control sobre estos pensamientos y nos equivocamos. ¿Quién decide lo que yo pienso? La base de la gestión emocional es tomar el control de nuestra mente y decidir primero cómo nos queremos sentir y después, qué necesitamos pensar para sentirnos así.

Os propongo este decálogo a modo de entrenamiento para comenzar a tener una actitud mental positiva.:

1. No juzgues nunca el día por el clima.

2. Ten grandes expectativas para cada día.

3. Protégete de los mensajes negativos (propios y ajenos).

4. Cambia la manera de saludar a los demás.

5. Escucha la música que te pone de buen humor.

6. Desarrolla una visión clara de tus metas.

7. No permitas que lo que está fuera de tu alcance, influya en tus decisiones.

8. No pierdas la inquietud por aprender cosas nuevas.

9. Resérvate un tiempo diario para hacer lo que te gusta.

10. Aprecia y agradece aquello que posees, tus experiencias, tus habilidades….

¿Ya te sientes mejor?

Julio Rosales Propósitos

El Método 4: Propósitos


Hoy en “El Método” hemos hablado de propósitos. Se acerca el nuevo año y generalmente nos planteamos muchos propósitos que cumplir. ¿Lo logramos?

Para empezar… ¿qué es un propósito? Habitualmente confundimos objetivos con propósitos y si bien se parecen, hay una diferencia sustancial.

Un objetivo es algo que queremos lograr o tener, es concreto, es tangible. Una vez que hemos conseguido un objetivo ya no tenemos que seguir trabajando en ello. Por ejemplo, si mi objetivo es comprar un coche, una vez que lo he comprado no tengo que seguir trabajando en ello.

Un propósito va más allá, es algo que deseamos que sea constante en nuestra vida. Es intangible y por lo general tenemos que trabajar en ello de manera constante. Ejemplos de propósitos son: gozar de buena salud, pasar tiempo de calidad con mi familia, conocer nuevas culturas…

¿Para qué? La gran pregunta

Siguiendo con el ejemplo del coche (objetivo), es fácil averiguar el propósito al que obedece si nos preguntamos “¿para qué quiero un coche”. Una respuesta podría ser “para visitar a mi familia con frecuencia”. Este es el propósito de mi objetivo. “Estar con mi familia”, como puedes ver es menos tangible, más emocional y deseamos que sea un continuo en nuestra vida.

De esta manera si hacemos una lista de todos los objetivos que queremos alcanzar podemos comenzar a averiguar nuestros propósitos de vida preguntándonos “¿para qué quiero cada uno de ellos”? ¿Para qué quiero un coche?  ¿para qué quiero adelgazar 4 kg.? ¿para que quiero estudiar medicina…?

Es fácil caer en el error de preguntarnos “¿por qué?” en lugar de “¿para qué?” pero si prestamos un poco de atención vemos que la diferencia en las respuestas es muy evidente. Cuando contesto a un “¿por qué?” la respuesta es un argumento. Por ejemplo, a la pregunta “¿por qué estudio medicina?”  la respuesta podría ser “porque tiene mucha salida”. Esto es un argumento lógico, una justificación, pero no un propósito.

Los argumentos los formulamos con nuestro “cerebro racional” y por lo general son posteriores a la toma de decisiones. La mayoría de nuestras decisiones las toma nuestro “cerebro emocional” y es ahí donde está la clave. En realidad lo que te estoy diciendo es que primero decides y luego argumentas. ¿No te lo crees?

Suelo poner el mismo ejemplo en mis talleres para entender este proceso. Cuando ves unos preciosos y carísimos zapatos en un escaparate  y te enamoras de ellos, tu decisión de comprarlos ya está tomada. Tu “cerebro emocional” ya ha tomado la decisión (aunque prefieras pensar que no es así). Las cosas que te dices a continuación del tipo “son de muy buena calidad, me combinan con casi toda mi ropa, tengo dos bodas este año y los necesito, me lo merezco…” todo esto son argumentos posteriores a tu decisión. Insisto: pos-te-rio-res. En este ejemplo el objetivo son los zapatos, la respuesta a “¿por qué los compras?” son la lista de argumentos que acabo de describir, pero el propósito real lo conoces preguntándote “¿para qué” La respuesta podía ser “para ser una persona elegante”. Esto es un propósito que muy probablemente es muy importante para ti.

¿Para que debería conocer mis propósitos?

Una vez que te has preguntado “para qué” a todos tus objetivos tenemos una lista de propósitos. Bien, ahora debes seguir preguntándote “para qué persigo estos propósitos”. La respuesta final debería ser “para ser feliz” y si no es así, se impone una reflexión.

“¿Para que quiero estos zapatos? Para ser elegante. ¿Para qué quiero ser elegante? Para gustarme y gustar. ¿Para qué quiero gustarme y gustar? Para ser feliz. Esta cadena de respuestas que acaban en felicidad es a lo que llamamos objetivos alineados con propósitos. Es decir, son coherentes para ti.

Si cuando te hagas la pregunta mágica repetidamente al final no te puedes responder “para ser feliz”, hemos encontrado un objetivo que no está alineado con tus propósitos. Toca reflexionar sobre la necesidad de perseguir ese objetivo. Quizá estás persiguiendo objetivos muy populares, objetivos que en la sociedad son muy comunes, pero quizá no están alineados con tus propósitos.

El conjunto de todos los propósitos que obedecen al gran propósito SER FELIZ conforman tu propio concepto de felicidad. Acabas de descubrir lo que verdaderamente te mueve.

Además, cuando conocemos nuestros propósitos quizá descubramos que tenemos más maneras de lograrlos de las que pensábamos. Si yo no puedo comprarme ese coche (objetivo) que me proporciona la movilidad familiar (propósito), me debería preguntar : “¿de qué otras maneras puedo obtener la movilidad familiar que deseo?” ¿Un coche más barato? ¿Transporte público? En definitiva podemos comenzar a buscar alternativas que cubran nuestros propósitos, porque recuerda que haciéndolo estarás preservando tu propio concepto de felicidad.

Sobre la mejor manera de trabajar en conseguir nuestros propósitos hablaremos en una próxima entrega de El Método. Podrás escucharlo en este blog, en mi canal de ivoox o en directo todos los miércoles en Onda Cero Catalunña.

 

El Método 3: Vivir sin miedo

El tema central de la tercera entrega de “El Método” ha sido el miedo. ¿qué es el miedo y cómo podemos combatirlo?

El miedo es la emoción más estudiada por los psicólogos y una de las más intensas. Su función principal es prevenir las situaciones peligrosas, por lo que moviliza una gran cantidad de energía. El miedo es la emoción más “especializada” en garantizar la supervivencia, por lo tanto, una de las más necesarias.

Cuando detectamos un estímulo potencialmente peligroso para nuestra supervivencia la emoción “miedo” toma el mando y nos prepara para actuar de la siguiente manera:

El foco

Lo primero que hace el miedo es forzarnos a focalizar toda nuestra atención en el estímulo amenazante, lo cual reduce sustancialmente la eficacia de los procesos mentales. Todo lo demás que está sucediendo en nuestro entorno parece desaparecer.

Si el estímulo amenazante fuera un animal salvaje a punto de devorarnos, esta atención focalizada sería de mucha utilidad, sin embargo en nuestra vida cotidiana puede ser muy contraproducente. Cuando ponemos toda nuestra atención en el estímulo, en el origen de nuestro miedo, dejamos de verlo con perspectiva y objetividad. Centrarnos, incluso obsesionarnos con el problema, hace muy difícil que veamos las soluciones y alternativas, por eso en muchas ocasiones optamos por evitar un problema en lugar de ponerle remedio.

La tensión

El miedo hace que nuestro torrente sanguíneo fluya mayoritariamente hacia nuestros músculos motores, al tiempo que los mantiene tensos (este es el motivo por el que solemos palidecer de miedo, porque nos llega poca sangre a la cara). Si retomamos el ejemplo del animal salvaje podemos entender fácilmente la utilidad de este proceso. Ante un peligro de este tipo necesitamos toda nuestra capacidad muscular para reaccionar, ya sea huyendo a toda prisa, luchando con todas nuestras fuerzas o quedándonos inmóviles. Muchos de nosotros aprendimos gracias a la película Parque Jurásico que la mejor manera de evitar el ataque de un dinosaurio era mantenernos quietos, dado que su sistema visual sólo detectaba el movimiento. Por suerte (o desgracia), nunca hemos convivido con estos animales, pero es bien cierto que en la naturaleza, en muchas ocasiones, evitar el movimiento es la mejor manera de salvar la vida.

De vuelta a nuestra vida cotidiana, no importa si un estímulo es realmente peligroso o no, la tensión muscular aparece siempre que sentimos miedo provocándonos… ¡justo lo que estás pensando!: contracturas musculares. Una situación de estrés, que no es más que una situación de miedo prolongada en el tiempo, puede generarnos graves contracturas musculares y en consecuencia fuertes dolores de cabeza e incluso migrañas. Estoy seguro de que en ese momento estás encontrándole sentido a muchos de tus dolores físicos. ¡El origen es emocional!

Las cuatro patas del miedo

En mi experiencia vital y profesional, acompañando a mis clientes de coaching, he llegado a la conclusión de que luchar contra nuestros miedos irracionales, los que nos impiden alcanzar el éxito y la felicidad, supone luchar contra cuatro estados mentales muy concretos:

  1. La ignorancia: yememos aquello que desconocemos, lo que no sabemos si será bueno o malo para nosotros.
  2. La incertidumbre: nos inquieta sobremanera el no conocer las consecuencias de aquella situación que se ha plantado en nuestro camino vital.
  3. La desmotivación: en ocasiones no encontramos la motivación, la fuerza, la energía suficiente como para luchar contra nuestro miedo.
  4. La Inercia: reproducimos patrones de comportamiento por costumbre o imitación a menudo sin cuestionarnos su eficacia.

La solución

Para comenzar a luchar de una manera práctica contra nuestros miedos he escrito un pequeño e-book gratuito que te puedes descargar en esta misma web. Sólo tienes que suscribirte en mi newsletter y el libro será tuyo.

Me encantaría que me comentaras si te ha servido o qué te a parecido este regalo.

El Método 1: Adictos a la queja

Ayer inauguramos una nueva sección semanal en el programa La Ciutat de Onda Cero, presentado por la brillantísima Mónica Günther y donde trataré cada miércoles en directo aquellos asuntos que más recurrentemente trabajo con mis clientes de Coaching. ¡Escucha el audio!

En esta primera entrega hablamos de lo que para mí es el comienzo de cualquier proceso de desarrollo personal: aceptar la responsabilidad y eliminar la queja.

La responsabilidad

Hemos de asumir la responsabilidad de nuestras acciones y no acciones. Aceptar que las cosas que nos sucedan depende de nosotros en mucha mayor medida de lo que solemos pensar.

Lo primero que me gustaría es desterrar la palabra culpa de nuestro vocabulario. La culpa es un concepto muy dañino. La culpa implica arrepentimiento y penitencia y en los asuntos que vamos a tratar no caben estos conceptos. Por eso hablamos de responsabilidad. Cuando uno asume la responsabilidad el siguiente paso es pasa a la acción, y eso es lo que nos interesa.

Está muy extendido en el ámbito del desarrollo personal que “si quieres puedes conseguirlo todo” y a mi tampoco me gusta este concepto, porque si bien creo que se pueden conseguir grandísimas cosas en la vida, que se puede conseguir prácticamente todo lo que se desea, siempre hay factores externos que no dependen de nosotros que también juegan un papel importante.

De esta idea surge una frase que un día me brotó durante uno de mis talleres y que se ha convertido en el lema de todo mi trabajo. “Nada de lo que hagas puede garantizarte el éxito, pero cada cosa que haces multiplica las posibilidades”.

Una de las cosas que más nos desmotiva a la hora de afrontar cualquier reto es el no tener garantías de éxito. Nada de lo que hagamos lo puede garantizar. Esto es una de las cosas más importantes que deberíamos aceptar. Nuestras acciones aumentan o disminuyen nuestras posibilidades. Es nuestra decisión hacer lo que esté en nuestra mano para multiplicar las posibilidades de que lo que queremos que suceda, suceda. Para mi la vida es el juego de aumentar las posibilidades.

La adicción a la queja

Si, somos una sociedad adicta a la queja, al victimismo… ¡nos gusta mucho un drama! Pero ¿por qué?

Hay factores culturales. Nuestros valores y nuestros principios, seas religioso o no, son herencia directa del juedo-cristianismo. Nuestra religión es una oda al dolor y al sufrimiento y acabamos concluyendo que no somos buenos si no sufrimos.

Por otro lado la queja es muy útil. Todo lo que hace nuestra mente tiene la función de favorecernos, aunque en muchas ocasiones parece todo lo contrario. ¿Qué obtenemos mediante la queja y el victimismo?

  1. Coexión social, es decir, el apoyo de los que nos rodean, el calor humano, y esto es algo que siempre gusta, ¿o no?
  2. La queja nos resta responsabilidad y requiere de menos esfuerzo. Es más fácil emitir una queja o manifestar que algo es “tremendamente difícil” o que “carecemos de lo necesario” para alcanzar una meta, que trabajar de verdad en la consecución de la misma.
  3. El desahogo. Acepto que sienta bien desahogarse, pero a esto también hay que ponerle límites. Si abusamos de la queja podemos acabar siendo personas tóxicas, porque si algo contamina el ambiente es una buena lista de quejas y lamentaciones.

La elección

Ante una situación dramática, problemática o conflictiva es nuestra decisión posicionarnos en el victimismo o en la lucha. Con el victimismo obtenemos la palmadita, sí, pero un estado de ánimo anclado en la apatía. 

¿En qué nos convertimos si decidimos luchar? Nos convertimos en héroes, en algo mucho más grande de lo que éramos.

Yo nunca pertenecería a una asociación que se llamara “Victimas de…” yo preferiría siempre pertenecer a una que se llamara “Luchadores contra…”.

¿Qué opinas?

 

Comunicación efectiva: Julio Rosales en Onda Cero (19/08/2014)

Julio Rosales de This is Coaching habla en el programa La Ciutat de Onda Cero de los secretos de una comunicación efectiva. Lenguaje verbal y paraverbal. Consejos muy valiosos para todo buscador de empleo.