Los 6 pilares de la autoestima: afrontar la vida ¡de cara!

En este artículo vuelvo a abordar el tema de la autoestima (no será la última vez que lo haga), que es en mi opinión, la madre de todos los corderos del desarrollo personal. En mi artículo anterior publiqué un interesante test de autoestima para que pudieras evaluar si gozas de un nivel de autoestima saludable. En esta ocasión vamos a profundizar un poco en las 6 actitudes que nos ayudan a alcanzar la autoestima plena.

¡De cara!

Vamos a afronta la conquista de nuestra autoestima DE CARA. He creado este acróstico* para recordar más fácilmente cómo mejorar nuestra autoestima (*si lees en vertical la primera letra de esta lista de palabras encontrarás la clave ;-)). La conquista de estos 6 valores es lo que distingue a personas con una sana autoestima de las personas que viven sumidos en la inseguridad y la frustración.

DETERMINACIÓN
EMPODERAMIENTO
CONSCIENCIA
ACEPTACIÓN
RESPONSABILIDAD
ASERTIVIDAD

Determinación

Vivir con determinación significa tener claro nuestro propósito de vida, estar comprometidos con nuestros objetivos, no esperar a que las cosas sucedan sino hacer que sucedan, decidir nuestro presente y nuestro futuro. Vivir con determinación significa ir ¡a por todas! Por eso digo siempre que vivir un proceso de Coaching, que como sabes se centra siempre en la consecución de un objetivo, tiene como beneficio colateral la mejora de la autoestima. Independientemente de qué tipo de objetivo te plantees, no hay nada que nos haga aumentar más nuestra autoconfianza que lograr metas.

Empoderamiento

El empoderamiento personal significa no tener miedo a expresar quien soy, mostrarnos orgullosos de nosotros mismos, no fingir que somos otra persona, reivindicar nuestro derecho a ser felices. Para estar orgullosos de nosotros mismos no es necesario ser los mejores, los más listos, los más guapos. Estar orgullso/a de ti mismo es tu derecho (casi diría obligación). Tu sola existencia tiene un inmenso valor. ¡No hay nadie igual a ti! Aunque seas una persona que aún tiene mucho que aprender o mejorar, eres valioso y tienes derecho a mostrarte y expresarte.

Consciencia

Vivir conscientemente significa vivir el presente y no quedarse anclado en “tiempos mejores del pasado”, nuestras capacidades, conectar con nuestras emociones, ser objetivos y benévolos con nuestro autoconcepto. Vivir con consciencia es hacer un trabajo por conocernos en profundidad. Lo más interesante de un proceso de Coaching es el grado de autoconocimiento que se alcanza. Es necesario ser consciente de quién eres para decidir a dónde quieres llegar.

Aceptación

No debemos confundir la aceptación con la resignación. Cuando abrazas la aceptación no haces negaciones absurdas de la realidad y asumes tu cuota de responsabilidad en las cosas que “te han pasado” diferenciando claramente lo que depende de ti de lo que no depende de ti. Aceptar que piensas lo que piensas, sientes lo que sientes, y deseas lo que deseas es el primer paso para el crecimiento. Aceptar que estamos en una situación que no nos hace felices nos hace responsabilizarnos del cambio que necesitamos.

Responsabilidad

Vivir con responsabilidad es lo opuesto al victimismo. Somos responsables de nuestras acciones y no acciones, somos responsables de nuestra conducta con los demás, somos responsables de cómo gestionamos nuestro tiempo, somos responsables de cómo nos comunicamos, somos responsables, en definitiva, de nuestra felicidad. vivir con responsabilidad implica hacer que lo que deseamos que suceda, suceda. Vivir con responsabilidad dejar de pensar que alguien ha de venir a darme lo que deseo.

Asertividad

Asertividad es ser cuidadoso con las cosas a las que accedo, es anteponer nuestros intereses a los de los demás, ser congruente con nuestros valores, creencias y convicciones. Ser asertivo significa comprometernos con nuestro bienestar. En mi artículo “Asertividad o el arte de decir no” profundizo en este asunto tan importante.

No confundas nunca egoísmo con autoestima, no confundas prepotencia con autoconfianza, no confundas humildad con sumisión… Comienza a vivir respetándote y amándote.

Test de autoestima: ¿cuánto te quieres?

Depresión, alcoholismo, disfunciones sexuales, inmadurez emocional, fracaso escolar, violencia… la mayoría de los comportamientos dañinos del ser humano están relacionados con bajos niveles de autoestima. La capacidad de amarnos a nosotros mismos no es ninguna frivolidad, ¡es una necesidad! El éxito en la vida, la autorealización, el desarrollo de una carrera satisfactoria, relaciones personales y amorosas sanas… nada de esto es posible si no poseemos un nivel aceptable de autoestima.

En muchas ocasiones consideramos que trabajar en querernos más, en ser más felices, es un acto de egoísmo y pensamos que anteponer las necesidades de los demás a las nuestras nos hace ser mejores personas. ¿Cómo puedo amar a alguien (hablo de un amor de calidad), si no me he demostrado que soy capaz de quererme y respetarme a mi mismo/a? ¿Contratarías a un arquitecto cuya casa tuviera goteras? ¿Contratarías a un gestor financiero que está en la ruina? ¿Contratarías a un entrenador personal obeso? ¿Contratarías a un estilista mal vestido? Me sigues, ¿verdad?

Mide tu autoestima ¡sólo 10 preguntas!

Pero empecemos por el principio. ¿Cómo puedo saber si realmente tengo problemas con mi autoestima sin necesidad de gastarme dinero en un profesional de la salud? ¡Muy fácil! Lo puedes hacer ahora mismo. He incrustado en este post un famoso test de autoestima, se llama La escala de autoestima de Rosenberg, y es posiblemente la más aceptada por la comunidad científica. Conocer la dimensión del problema nos ayuda a encontrar las soluciones más idóneas. Sigue las instrucciones y en unos minutos sabrás cuánto te quieres.


Test de autoestima de Rosenberg

Procedimiento

Lee atentamente cada pregunta y responde con la mayor sinceridad. Encontrarás cuatro posibles respuestas para cada pregunta (desde “muy de acuerdo” hasta “muy en desacuerdo”) cada una con un número asignado (del 1 al 4). ¡No corras! y revisa la equivalencia de cada respuesta con su número atentamente para asegurarte de que el resultado es lo más aproximado a la realidad posible.

 


Tengo baja autoestima ¿Qué puedo hacer?

Por suerte la autoestima es una cima que se puede conquistar. Puedes comenzar por leer uno de los miles de libros de autoayuda que hay en el mercado o puedes ponerte en manos de un profesional. No es necesario estar pasando por un momento terrible para acudir a un terapeuta, es suficiente con que desees mejorar tu vida.

Por su puesto el Coaching también puede ayudarte en este sentido. El Coaching se centra en la consecución de objetivos y no hay nada que más alimente la autoestima que lograr las metas que nos proponemos. Si crees que necesitas ayudar para aprender a quererte más, escríbeme y valoraremos de qué manera puedes conquistar tu autoestima. Sí ¡se puede aprender a ser feliz!

¿Soy feliz? 10 preguntas que te darán la respuesta

Conozco a muy poca gente que diga de forma natural y decidida “soy feliz”. Si embargo nos sale con mucha soltura decir “estoy agobiado”, “estoy estresada” o “estoy hasta los c…”. Los seres humanos y esa tremenda facilidad para poner el foco en lo negativo.

Una de las respuestas más frecuentes a la pregunta “¿eres feliz?”, suele ser: “bueno, yo creo que la felicidad son pequeños momentos…” No se quién fue la primera persona que dijo algo así, pero lo repetimos hasta la saciedad. Yo no estoy nada de acuerdo. Creo que confundimos felicidad con alegría, euforia o incluso orgasmo. Tendemos a pensar que solo somos felices cuando estamos en pleno “subidón” y en consecuencia deducimos que no lo somos.

Es triste pasarse media vida pensando que la felicidad es una quimera casi inalcanzable cuando en realidad quizá lo hemos sido siempre (o nuestras circunstancias deberían hacernos sentir así), pero no nos hemos percatado. No creo, además, que nuestro cuerpo aguantara mucho en un estado de euforia permanente…

¿Cómo puedo saber si soy feliz?

La felicidad se define como “una medida de bienestar subjetivo (autopercibido) que influye en las actitudes y el comportamiento de los individuos”. Es decir, que puede suceder que tengamos todo lo necesario para ser felices pero nos sintamos desdichados.

Te planteo una serie de preguntas para que puedas concluir si eres una persona feliz o no:

  1. ¿Qué concepto tienes de ti en comparación con otros hombres/mujeres de tu entorno?
  2. ¿Disfrutas de las cosas cotidianas de la vida?
  3. ¿Qué opinión tienes de ti como profesional?
  4. ¿Tiendes a pensar que hay personas que tienen más suerte que otras?
  5. ¿Piensas que si tuvieras más dinero serías más feliz?
  6. ¿Te gusta el lugar donde vives?
  7. ¿Te tomas tu tiempo para divertirte y/o tienes aficiones con las que disfrutas?
  8. ¿Tus amigos y familiares suelen sentirse bien a tu lado?
  9. ¿Tienes planes de futuro que te ilusionan?
  10. ¿Consideras que los errores son una forma de aprendizaje o simplemente fracasos?

Si al terminar de leer estas preguntas te ha brotado una sonrisa, enhorabuena, eres feliz. Si por el contrario las preguntas han hecho que te sintieras peor… ¿te das cuenta de que para cada respuesta negativa que te hallas hecho hay algo que puedes hacer para cambiar la situación? Te recomiendo que hagas una lista de acciones que puedan hacer que todas las respuestas sean positivas, como por ejemplo “llamar a mi hermana para ver cómo está”, “buscar un nuevo trabajo”, “dedicarle tiempo a la pintura”… Es decir, reemplazar la frustración por una lista de tareas.

Y tu, ¿eres feliz?

5 aspectos muy negativos de la modestia

“La modestia es una molestia” es una frase que todos aquellos que me conocen, sobre todo mis clientes de coaching, me han escuchado decir alguna vez (o muchas). Y es que, en mi opinión, confundimos modestia con humildad en demasiadas ocasiones y este error nos hace flaco favor.

Veamos qué dice la RAE sobre la modestia: “Virtud que modera, templa y regla las acciones externas, conteniendo al hombre en los límites de su estado, según lo conveniente a él”. No se si acabo de entender el significado, pero lo que queda claro es que se considera que la modestia es una virtud. Discrepo. Yo definiría la modestia como la acción de ocultar, disimular o negar deliberadamente cualidades y aptitudes positivas que poseemos. Si esto es una virtud, que venga Beyoncé y lo vea.

En no pocos de los talleres que imparto para desempleados, concretamente en aquellos en los que nos entrenamos para afrontar una entrevista de trabajo con éxito, me encuentro que mis alumnos tienen mucho pudor a la hora de hablar de sus logros, éxitos, talentos y capacidades. “No quiero resultar prepotente en la entrevista”, me suelen decir. A lo que yo suelo responder con la pregunta “¿si una entrevista de trabajo no es el momento de hablar bien de uno mismo, cuándo lo es?” Y es que en estas situaciones tenemos dos opciones: o nos llevamos a nuestra abuela a la entrevista o  hablar nosotros mismos de aquello que nos hace destacar.

Resumo en los siguientes 5 puntos aquellos daños que nos está causando el hecho de ser tan modestos.

1. Perjudica nuestra autoestima

Nos han inculcado que la modestia es una gran virtud de tal manera que son poquísimas las ocasiones en las que hablamos de nosotros en términos positivos. Tan es así que cuando alguien descubre alguno de nuestros talentos y hace mención, nos apresuramos en negarlo o quitarle importancia con frases como “no es para tanto, cualquiera puede hacerlo igual que yo”. Es más, en ese afán por no resultar prepotentes acabamos incluso destacando lo malos que sentimos que somos.

Este hábito de hablar mal de nosotros mismos acaba minando nuestra autoestima, dado que nuestro cerebro archiva y fortalece nuestros pensamientos recurrentes.

2. Nos impide alcanzar nuestras metas

Al comenzar un proceso de coaching es imprescindible saber con qué herramientas contamos par alcanzar nuestras metas, entre ellas, las más importantes son nuestros talentos y capacidades. El problema es que a fuerza de ocultarlos, acabamos creyéndonos que no poseemos herramienta alguna con la que trabajar en nuestras metas, nos sentimos incapaces, lo que nos acaba generando, sin duda, frustración. En muchas ocasiones, ni siquiera lo intentamos.

3. Juzgamos mal a los que sí hablan bien de sí mismos

Dado que como he dicho, solemos confundir modestia con humildad, tendemos a tachar de prepotente y engreído a aquella persona que habla con naturalidad de su potencialidades. Es necesario entender que lo que hace que una persona sea humilde es el hecho de que, por muchos talentos o posesiones que tenga, no se siente superior a los demás. Añadiría que tener un gran talento y fingir que no lo tenemos para que los demás no nos juzguen es una hipocresía. Para que se entienda, es muy diferente decir “yo toco bien la guitarra” a decir “yo soy el mejor tocando la guitarra y tu eres un ignorante por que no eres capaz de juntar dos notas”. ¿Se aprecia la diferencia?

4. Alguien puede llevarse todo el mérito

En el mundo laboral, una persona que hace bien su trabajo y además se molesta en que se sepa, tiene muchas más posibilidades de promocionar que aquella que no deja ninguna constancia de su buen hacer. En ocasiones, en nuestro afán por ser modestos, llegamos a permitir que otros se cuelguen nuestras medallas. Bien, si eres de los que permite que esto suceda, no puedes responsabilizar a nadie más que a ti mismo.

5. Minimiza nuestra marca personal

En uno de mis talleres de formación ocupacional de 4 días, después de varias dinámicas y role-play de entrevista, una alumna me dijo “yo hablo 5 idiomas con fluidez”. Cuando le pregunté que por qué no lo había dicho antes, me contesto lo típico: “no quería resultar prepotente”. Yo me pregunto, ¿todas las horas que una persona dedica durante años a poder hablar con fluidez 5 lenguas, no le da derecho a pode manifestarlo con naturalidad? ¿En qué mundo vivimos?

La marca personal es la huella que dejamos en los demás, es decir, lo que la gente piensa y recuerda de nosotros. En mis procesos de coaching de marca personal trabajamos para que el trabajo, el talento y las cualidades de una persona sean conocidos por el mayor número de personas posible, lo cual favorece enormemente la proyección profesional. ¿De qué te sirven toda tu formación, tu experiencia, tu valores, tus aptitudes… si nadie las conoce? Hay una gran diferencia entre la persona que quiere ser cantante y espera ser descubierta por casualidad en un karaoke por un gran productor musical, a la que crea un canal de youtube donde millones de personas pueden disfrutar de su talento.

¡Brilla!

 

Asertividad o el arte de decir “no”

Veamos si te sientes identificado con este comportamiento: te cuesta horrores decir “no” a casi todo (un favor de un amigo, hacer horas extra, asistir a una boda que no te apetece…), porque no quieres herir o fallar a la gente, pero luego te enfadas enormemente porque no te queda tiempo para ti. Odias hacer aquello a lo que te has comprometido o estás cansado de estar para todo el mundo, y además no recibes la misma respuesta cuando eres tú quien necesita algo. ¿Te suena? ¿Te frustra? ¿Te enfada? Bien, pues el nombre de la cualidad que te toca desarrollar es asertividad.

De ma era formal podemos definir la asertividad como la capacidad de defender nuestros derechos, sentimientos y necesidades sin perjudicar los de los demás. O por decirlo de manera más coloquial: la capacidad para hacer lo que me da la gana o más me interesa en cada momento sin sentir remordimientos o sin reaccionar como una mala bestia. Porque en ocasiones, cuando uno se harta de decir que sí a todo, acaba poniendo límites desde el enfado o la rabia de la peor manera.

La asertividad sería el término medio saludable entre ser demasiado servicial y ponerse como un energúmeno. Se trata de defender tus necesidades o prioridades con convicción y educación. Cierto es que aún así alguna de esas personas a las que hemos “malcriado” pueden darse por ofendidos cuando empezamos a marcar límites, pero aquí la pregunta sería ¿te merece la pena esa relación?

¿Cómo conquisto la asertividad?

Lo primero en que me gustaría que pensaras es en lo injusto que es para ti, que antepongas las necesidades de los demás a las tuyas. Sí, ya sé que te han enseñado que es de buena persona estár ahí siempre para los demás, pero en esto, como en todo, hay que tener medida. Tienes el mismo derecho que cualquier persona (por mucho que aprecies a esa persona), a dar prioridad a tus necesidades y a respetar tu escala de valores.

Ser asertivo significa respetarse, respetarse es el primer paso para amarse y amarse es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos y los demás. Creo que a estas alturas ya nadie discutirá esto.

Tienes derecho a decir “no” cuando algo te perjudique en algún aspecto, aunque ese aspecto sea “estar tirado en tu sofá”. Además no es necesario justificarse, un “lo siento, pero en este momento no voy a poder ayudarte con esto que me estás pidiendo” es más que suficiente.

Tienes derecho a cometer errores. ¡Faltaría más! De hecho, es la mejor maera de seguir aprendiendo.

Tienes derecho a pedir ayuda. ¡Sí, lo tienes! A veces nos decepcionamos porque estamos esperando a que la gente nos lea la mente, adivine que necesitamos algo y nos lo ofrezca… y claro, esto rara vez sucede. La gente no es adivina. También es tu derecho pedir.

Tienes derecho a tener tus propias opiniones y reclamar el respeto necesario respecto a las mismas. Del mismo modo que tienes derecho a cambiar de opinión y ser respetada/o también por ello. Creo que cambiar de opinión es una de las mayores muestras de madurez y sabiduría (claro que quizá mañana cambie de opinión ;-P)

Tienes derecho, en definitiva, a ser tratado con respeto, educación e incluso con cariño. Lo grave del asunto es que normalmente somos nosotros mismos quienes no nos concedemos este derecho, por confundir asertividad con egoísmo. Y es que cuando nos enseñaron a “ser buenos con todo el mundo” se olvidaron de recordarnos que nosotros formamos parte de ese mundo.

No culpes a los demás. La responsabilidad de respetar tus propios límites recae sólo en ti. ¿Estás dispuesta/o a asumirla?

 

¿Funciona realmente el Coaching?

No en pocas ocasiones he escuchado decir algo como “yo no creo en el coaching”. Me quedo con cara de memo, claro, porque el coaching no es una religión, no es una corriente espiritual (en contra de lo que muchos pueden pensar)… El Coaching es una metodología, es psicología aplicada a la consecución de objetivos. Decir “no creo en el coaching” es como decir “no creo en el pilates”. No tiene sentido. No es una cuestión de fe en ningún caso.

Otra cosa es que consideres el el Coaching es lo que necesitas para hacer ese cambio que anhelas en tu vida, que pienses que es lo que más te apetezca o funcione a ti. Esto no lo discuto. De hecho, tiendo a rechazar clientes que no tienen muy claro que el Coaching les pueda ayudar, porque una premisa fundamental de esta disciplina es que quien lo contrata ha de tener claro que desea emprender ese camino.

Claro está que un factor fundamental para tomar esta decisión pasa por tener claro en qué consiste y qué va a obtener un cliente de coaching. Para aportar un poco de luz a este respecto he tomado prestada la siguiente información de una infografía que los chicos de Life Coach Spotter han realizado basándose en datos de la ICF, y que puedes ver en su versión en inglés en este artículo de Lifehack. ¿Qué te da pereza leerlo en inglés?, no sufras que aquí te transcribo la información más relevante.

Resultados tras contratar a un coach personal

Respecto al nivel de satisfacción de los clientes de Coaching los datos de la ICF son abrumadores:

  • El 99% de los clientes que contratan un coach se declaran satisfechos, y de ellos el 96% repite la experiencia y vuelve a usar los servicios de un coach.

En cuanto a los beneficios que obtienen, esto es lo que declaran:

  • El 80% mejora su autoestima.
  • El 73% mejora sus relaciones personales.
  • El 72% mejora sus habilidades comunicativas.
  • El 67% mejora su conciliación labora.

No está mal ¿eh?

El Coaching incrementa la productividad

En términos profesionales, donde el Coaching tiene quizá más tradición, la información de la ICF muestra los siguientes resultados:

  • El 70% mejora su desempeño laboral.
  • El 61% mejora la gestión de su negocio.
  • El 57% mejora la gestión de su tiempo.
  • El 51% mejora la productividad de su equipo de trabajo.

Además el 86% de las empresas que han contratado un coach manifiestan que como mínimo han recuperado el 100% de su inversión.

Por qué motivo se contrata a un coach

En cuanto a los motivos por los cuales una persona llega a contratar los servicios de un coach, los datos dicen que:

  • El 64% de los clientes busca alcanzar sus metas y ser exitoso.
  • El 51% quiere encontrar la felicidad.
  • El 48% desea descubrir su propósito de vida.
  • El 44% aspiran a hacer lo que aman.
  • El 43% anhelan cambiar de profesión.
  • El 39% busca mejorar su autoestima.

Después de conocer estos datos me siento aún más feliz y orgulloso de ejercer esta profesión y saber que participo y he participado en la mejora de vida de un montón de personas. ¿Puede haber algo más satisfactorio?

 

¿Coaching gay? 5 reflexiones a tener en cuenta

Muchas veces me preguntan qué tiene de particular el Coaching Gay. Mi respuesta es: nada y todo. Los gays somos un grupo humano más, con sus propias particularidades y batallas que librar. En un proceso de coaching se tratan siempre asuntos muy personales y muchos nos sentimos más libres de expresarnos con una persona que sabemos que nos entiende a un nivel profundo. ¿Quiero decir con esto que un gay ha de buscar a un coach gay? No, en absoluto. Quiero decir que es perfectamente lícito que lo hagas si crees que te vas a sentir mejor.

Te expongo 5 reflexiones a tener en cuenta en el caso de que seas gay y estés buscando un coach.

1. Coaching no es terapia

El Coaching es una disciplina centrada en impulsar a las personas hacia sus metas. La homosexualidad no es una patología, por tanto (en contra de lo que puedan opinar algunas personas) no se puede tratar. El rechazo, el acoso y el maltrato que podemos haber sufrido muchos homosexuales puede haber generado algún trauma o patología que sí son susceptibles de ser tratados como tales, lo cual es muy diferente. En ocasiones la terapia es necesaria. El Coaching, en cambio, nace del deseo de mejorar nuestra vida; es voluntario, nunca una necesidad.

2. Cumplir objetivos aumenta la autoestima

Es muy frecuente que en procesos de coaching los clientes entren en lo que yo llamo el “círculo virtuoso potenciador”. Me explicaré. A menudo acuden a nuestros despachos personas con bajos niveles de autoestima. No hay nada que incremente más la autoestima que la consecución de metas, y dado que el coaching centra sus energías precisamente en esto, a medida que un coachee (cliente) ve sus metas cumplidas, también eleva sus niveles de autoestima. Y ¿qué hace una persona con alta autoestima?: se plantearse metas más altas. Y ¿qué pasa cuando las consigue? ¡Exacto, Su autoestima se ve nuevamente reforzada. Este círculo virtuoso es uno de los mejores en los que puedes caer.

3. Empatía y particularidades de las personas gays

La empatía es una de las capacidades más valoradas de un coach. Por supuesto que no es necesario que to coach sea homosexual para que sienta empatía contigo, y lo normal (y profesional) es que un coach deje de lados sus prejuicios a la hora de afrontar un proceso de coaching. Sin embargo, la mayoría de los coaches acabamos subespecializándonos en aquellos ámbitos que mejor conocemos, dado que es ahí donde mejores resultados podemos ofrecer. Por esto es muy recomendable que cuando buscamos a un coach, nos aseguremos de que está alineado con nuestra forma de vida, para poder hablar con la plena confianza y la tranquilidad de sentirnos comprendidos.

4. Eliminar obstáculos profesionales

Aún estamos lejos de vivir en un mundo ideal. En ocasiones progresar profesionalmente es difícil debido, precisamente, a los prejuicios del entorno. Si eres gay y te sientes identificado con esta afirmación, el Coaching puede ayudarte, puesto que es una herramienta fantástica para desarrollar tu carera profesional minimizando al máximo la influencia de las limitaciones internas y externas. Lo profesional y lo emocional están íntimamente ligados, aunque pueda parecer lo contrario.

5. El peso de los estereotipos

Todos los grupos humanos los tienen. Los estereotipos no son ni buenos ni malos y sin embargo pueden acabar siendo un inconveniente si pretendemos destacar, ya sea a nivel profesional o personal. El Coaching de Marca Personal funciona a la perfección para ayudar a las personas a potenciar su diferencia en lugar de ocultar su verdadera personalidad debajo de estándares obsoletos. Ser gay no implica llevar un determinado tipo de vida. Ser gay es sólo una característica más de tu persona. ¿Por qué hemos de permitir que nuestra orientación sexual nos defina como personas?

¿Conoces ya a la gran persona que llevas dentro?

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La fantástica foto que ilustra este artículo es propiedad intelectual de Braden Summers.

¿Dónde escondes tu verdadera vocación? Los 4 escudos que te impiden triunfar

Por si te ayuda a ser más feliz… voy a contarte dónde creo yo que ocultas tu verdadera vocación y tu talento más sobresaliente.

Entre mis clientes de coaching se encuentran no pocas personas que me plantean la siguiente premisa: “quiero dar un giro a mi carrera profesional pero no se qué es lo que de verdad quiero hacer”. ¿Cómo es posible que de verdad lleguemos a pensar que no sabemos a qué nos queremos dedicar? Mi teoría es que siempre lo sabemos, que desde niños tenemos sueños y aspiraciones, pero que ocultamos nuestra verdadera vocación bajo una conjunto de miedos y prejuicios; concretamente estos 4 son los que más frecuentemente he detectado:

1. La modestia

Todos tenemos talento, muchos talentos diferentes, algo que nos hace sobresalir; pero nos han educado haciéndonos creer que destacar, hacer gala de nuestro don sobresaliente, significa ser un prepotente. Nadie quiere exponerse al riesgo de el rechazo que esto provocaría. De esta manera ocultamos nuestros talentos detrás de la modestia para ser aceptados, más queridos. El problema es que en ocasiones ocultamos tanto nuestro talento, nos decimos tantas veces “soy una persona como los demás” que nos lo acabamos creyendo. El diálogo interno es tremendamente poderoso.

¿Es cierto que hacer gala de talento es sinónimo de prepotencia? Usar y mostrar nuestro talento no solo no es prepotencia sino una responsabilidad. Somos un animal social, lo que implica que necesitamos del grupo para sobrevivir. En este sentido, ¿no sería lo más inteligente para el bien del grupo que cada persona se dedicara a aquello que mejor sabe hacer? Además de reportarnos satisfacción y felicidad, dedicarnos a potenciar nuestro talento especial favorece el bien común más que cualquier otra cosa.

Ser modesto significa ocultar o disimular nuestras aptitudes más destacables; es decir, la modestia siempre es falsa. Cuando le pido a mis clientes que me hablen desprovistos de cualquier atisbo de modestia empiezan a hacer afirmaciones muy interesantes: “siempre he sido bueno dibujando”, “tengo un talento natural para hacer que la gente se sienta bien”, “soy un crack con los números”… Aquí empieza la parte más interesante de un proceso de coaching: la toma de conciencia de nuestras habilidades.

2. El qué dirán

Una cliente me dijo una vez “estudié una ingeniería para demostrarle a mi familia que era tan inteligente como mi hermano, pero en realidad siempre he querido dedicarme a la música”. ¡Cuantas veces decidimos estudiar una carrera o dedicarnos a algo por que tiene prestigio social, porque hará que los demás mejoren su concepto sobre nosotros, porque tiene mucha salida…

Opino que en el momento vital en que normalmente tenemos que decidir cómo enfocaremos nuestros estudios o nuestros primeros trabajos nuestra personalidad no está consolidad y que, en muchas ocasiones, decidimos más en función de la opinión de los demás que en función de nuestra verdadera vocación.

Por supuesto que una persona con un talento especial para la música puede ser un gran ingeniero, pero los niveles más altos de excelencia siempre se alcanzan haciendo aquello que nos apasiona. Esto no es una opinión sino un hecho contrastado.

3. Miedo al fracaso

¿Y si no soy tan bueno como creo en esta o aquella profesión? ¿Y si no lo consigo? Seguro que hay miles de personas que lo hacen mejor que yo…

Talento y vocación están íntimamente ligados. Para mi son casi la misma cosa. Nuestro cerebro, aunque aveces parezca lo contrario, siempre actúa en nuestro beneficio. Una persona que aspira a pilotar un avión lo hace porque reconoce en sí mismo las habilidades necesarias para hacerlo de manera eficiente. No importa que un niño nunca haya pilotado una nave, si aspira a hacerlo es porque tiene al menos firmes sospechas de que lo hará bien. Precisamente por nuestro miedo al fracaso, siempre aspiraremos a hacer algo en lo que sabemos que destacaremos. Sin embargo en muchas ocasiones no nos escuchamos a nosotros mismos.

Por otro lado ¿es necesario ser el mejor del mundo en una actividad para ganarse la vida con ella? Quizá no seas el mejor piloto, el mejor músico, el mejor hostelero, pero ¿no basta con que seas realmente bueno en lo que hagas?

4. Miedo al éxito

¿Miedo al éxito? me preguntan extrañados muchos clientes. ¿Cómo se puede tener miedo a tener éxito?

El miedo al éxito esconde en sí otros miedos más sutiles. Uno de ellos es el miedo a conseguir hacer algo grande y ponernos a nosotros mismos en la tesitura de tener que mejorar aquello que hemos logrado. La superación continua es una tendencia habitual en un ser humano mentalmente sano, pero también es una perspectiva que a priori puede resultarnos agotadora. Sin embargo cuando alguien ha realizado alguna actividad con éxito, es relativamente fácil superar el hito, dado que en el proceso habrá aprendido qué aspectos son susceptibles de mejora. Aunque llegáramos a alcanzar una cota de éxito que no pudiéramos superar ¿no sería esto en sí un grandísimo éxito?

El otro temor que esconde el miedo al éxito es el de ser rechazados por nuestro entorno, miedo a que piensen que “hemos cambiado”. Por desgracia no es tan habitual que las personas trabajen continuamente por mejorar y en ocasiones el éxito de una persona hace más evidente la apatía de otros. En este sentido puede que a los ojos de algunas personas nuestro éxito sea una amenaza. En nuestra mano está el decidir no brillar para que otros que no se molestan en cultivar su propio brillo no se sientan mal. A mi no me parece un motivo muy legítimo.

Así las cosas, cuando le planteo a un cliente “si me hablas sin modestia, si supieras que vas a conseguirlo, si no te importara la opinión de los demás, ¿a qué te gustaría dedicarte?” ahí suele empezar un estupendo proceso de coaching.

¿Cual es tu verdadera vocación? ¿cual es tu talento más sobresaliente?

Es tu responsabilidad trabajar en tu felicidad.