Los 6 pilares de la autoestima: afrontar la vida ¡de cara!

En este artículo vuelvo a abordar el tema de la autoestima (no será la última vez que lo haga), que es en mi opinión, la madre de todos los corderos del desarrollo personal. En mi artículo anterior publiqué un interesante test de autoestima para que pudieras evaluar si gozas de un nivel de autoestima saludable. En esta ocasión vamos a profundizar un poco en las 6 actitudes que nos ayudan a alcanzar la autoestima plena.

¡De cara!

Vamos a afronta la conquista de nuestra autoestima DE CARA. He creado este acróstico* para recordar más fácilmente cómo mejorar nuestra autoestima (*si lees en vertical la primera letra de esta lista de palabras encontrarás la clave ;-)). La conquista de estos 6 valores es lo que distingue a personas con una sana autoestima de las personas que viven sumidos en la inseguridad y la frustración.

DETERMINACIÓN
EMPODERAMIENTO
CONSCIENCIA
ACEPTACIÓN
RESPONSABILIDAD
ASERTIVIDAD

Determinación

Vivir con determinación significa tener claro nuestro propósito de vida, estar comprometidos con nuestros objetivos, no esperar a que las cosas sucedan sino hacer que sucedan, decidir nuestro presente y nuestro futuro. Vivir con determinación significa ir ¡a por todas! Por eso digo siempre que vivir un proceso de Coaching, que como sabes se centra siempre en la consecución de un objetivo, tiene como beneficio colateral la mejora de la autoestima. Independientemente de qué tipo de objetivo te plantees, no hay nada que nos haga aumentar más nuestra autoconfianza que lograr metas.

Empoderamiento

El empoderamiento personal significa no tener miedo a expresar quien soy, mostrarnos orgullosos de nosotros mismos, no fingir que somos otra persona, reivindicar nuestro derecho a ser felices. Para estar orgullosos de nosotros mismos no es necesario ser los mejores, los más listos, los más guapos. Estar orgullso/a de ti mismo es tu derecho (casi diría obligación). Tu sola existencia tiene un inmenso valor. ¡No hay nadie igual a ti! Aunque seas una persona que aún tiene mucho que aprender o mejorar, eres valioso y tienes derecho a mostrarte y expresarte.

Consciencia

Vivir conscientemente significa vivir el presente y no quedarse anclado en “tiempos mejores del pasado”, nuestras capacidades, conectar con nuestras emociones, ser objetivos y benévolos con nuestro autoconcepto. Vivir con consciencia es hacer un trabajo por conocernos en profundidad. Lo más interesante de un proceso de Coaching es el grado de autoconocimiento que se alcanza. Es necesario ser consciente de quién eres para decidir a dónde quieres llegar.

Aceptación

No debemos confundir la aceptación con la resignación. Cuando abrazas la aceptación no haces negaciones absurdas de la realidad y asumes tu cuota de responsabilidad en las cosas que “te han pasado” diferenciando claramente lo que depende de ti de lo que no depende de ti. Aceptar que piensas lo que piensas, sientes lo que sientes, y deseas lo que deseas es el primer paso para el crecimiento. Aceptar que estamos en una situación que no nos hace felices nos hace responsabilizarnos del cambio que necesitamos.

Responsabilidad

Vivir con responsabilidad es lo opuesto al victimismo. Somos responsables de nuestras acciones y no acciones, somos responsables de nuestra conducta con los demás, somos responsables de cómo gestionamos nuestro tiempo, somos responsables de cómo nos comunicamos, somos responsables, en definitiva, de nuestra felicidad. vivir con responsabilidad implica hacer que lo que deseamos que suceda, suceda. Vivir con responsabilidad dejar de pensar que alguien ha de venir a darme lo que deseo.

Asertividad

Asertividad es ser cuidadoso con las cosas a las que accedo, es anteponer nuestros intereses a los de los demás, ser congruente con nuestros valores, creencias y convicciones. Ser asertivo significa comprometernos con nuestro bienestar. En mi artículo “Asertividad o el arte de decir no” profundizo en este asunto tan importante.

No confundas nunca egoísmo con autoestima, no confundas prepotencia con autoconfianza, no confundas humildad con sumisión… Comienza a vivir respetándote y amándote.

¿Soy feliz? 10 preguntas que te darán la respuesta

Conozco a muy poca gente que diga de forma natural y decidida “soy feliz”. Si embargo nos sale con mucha soltura decir “estoy agobiado”, “estoy estresada” o “estoy hasta los c…”. Los seres humanos y esa tremenda facilidad para poner el foco en lo negativo.

Una de las respuestas más frecuentes a la pregunta “¿eres feliz?”, suele ser: “bueno, yo creo que la felicidad son pequeños momentos…” No se quién fue la primera persona que dijo algo así, pero lo repetimos hasta la saciedad. Yo no estoy nada de acuerdo. Creo que confundimos felicidad con alegría, euforia o incluso orgasmo. Tendemos a pensar que solo somos felices cuando estamos en pleno “subidón” y en consecuencia deducimos que no lo somos.

Es triste pasarse media vida pensando que la felicidad es una quimera casi inalcanzable cuando en realidad quizá lo hemos sido siempre (o nuestras circunstancias deberían hacernos sentir así), pero no nos hemos percatado. No creo, además, que nuestro cuerpo aguantara mucho en un estado de euforia permanente…

¿Cómo puedo saber si soy feliz?

La felicidad se define como “una medida de bienestar subjetivo (autopercibido) que influye en las actitudes y el comportamiento de los individuos”. Es decir, que puede suceder que tengamos todo lo necesario para ser felices pero nos sintamos desdichados.

Te planteo una serie de preguntas para que puedas concluir si eres una persona feliz o no:

  1. ¿Qué concepto tienes de ti en comparación con otros hombres/mujeres de tu entorno?
  2. ¿Disfrutas de las cosas cotidianas de la vida?
  3. ¿Qué opinión tienes de ti como profesional?
  4. ¿Tiendes a pensar que hay personas que tienen más suerte que otras?
  5. ¿Piensas que si tuvieras más dinero serías más feliz?
  6. ¿Te gusta el lugar donde vives?
  7. ¿Te tomas tu tiempo para divertirte y/o tienes aficiones con las que disfrutas?
  8. ¿Tus amigos y familiares suelen sentirse bien a tu lado?
  9. ¿Tienes planes de futuro que te ilusionan?
  10. ¿Consideras que los errores son una forma de aprendizaje o simplemente fracasos?

Si al terminar de leer estas preguntas te ha brotado una sonrisa, enhorabuena, eres feliz. Si por el contrario las preguntas han hecho que te sintieras peor… ¿te das cuenta de que para cada respuesta negativa que te hallas hecho hay algo que puedes hacer para cambiar la situación? Te recomiendo que hagas una lista de acciones que puedan hacer que todas las respuestas sean positivas, como por ejemplo “llamar a mi hermana para ver cómo está”, “buscar un nuevo trabajo”, “dedicarle tiempo a la pintura”… Es decir, reemplazar la frustración por una lista de tareas.

Y tu, ¿eres feliz?

5 aspectos muy negativos de la modestia

“La modestia es una molestia” es una frase que todos aquellos que me conocen, sobre todo mis clientes de coaching, me han escuchado decir alguna vez (o muchas). Y es que, en mi opinión, confundimos modestia con humildad en demasiadas ocasiones y este error nos hace flaco favor.

Veamos qué dice la RAE sobre la modestia: “Virtud que modera, templa y regla las acciones externas, conteniendo al hombre en los límites de su estado, según lo conveniente a él”. No se si acabo de entender el significado, pero lo que queda claro es que se considera que la modestia es una virtud. Discrepo. Yo definiría la modestia como la acción de ocultar, disimular o negar deliberadamente cualidades y aptitudes positivas que poseemos. Si esto es una virtud, que venga Beyoncé y lo vea.

En no pocos de los talleres que imparto para desempleados, concretamente en aquellos en los que nos entrenamos para afrontar una entrevista de trabajo con éxito, me encuentro que mis alumnos tienen mucho pudor a la hora de hablar de sus logros, éxitos, talentos y capacidades. “No quiero resultar prepotente en la entrevista”, me suelen decir. A lo que yo suelo responder con la pregunta “¿si una entrevista de trabajo no es el momento de hablar bien de uno mismo, cuándo lo es?” Y es que en estas situaciones tenemos dos opciones: o nos llevamos a nuestra abuela a la entrevista o  hablar nosotros mismos de aquello que nos hace destacar.

Resumo en los siguientes 5 puntos aquellos daños que nos está causando el hecho de ser tan modestos.

1. Perjudica nuestra autoestima

Nos han inculcado que la modestia es una gran virtud de tal manera que son poquísimas las ocasiones en las que hablamos de nosotros en términos positivos. Tan es así que cuando alguien descubre alguno de nuestros talentos y hace mención, nos apresuramos en negarlo o quitarle importancia con frases como “no es para tanto, cualquiera puede hacerlo igual que yo”. Es más, en ese afán por no resultar prepotentes acabamos incluso destacando lo malos que sentimos que somos.

Este hábito de hablar mal de nosotros mismos acaba minando nuestra autoestima, dado que nuestro cerebro archiva y fortalece nuestros pensamientos recurrentes.

2. Nos impide alcanzar nuestras metas

Al comenzar un proceso de coaching es imprescindible saber con qué herramientas contamos par alcanzar nuestras metas, entre ellas, las más importantes son nuestros talentos y capacidades. El problema es que a fuerza de ocultarlos, acabamos creyéndonos que no poseemos herramienta alguna con la que trabajar en nuestras metas, nos sentimos incapaces, lo que nos acaba generando, sin duda, frustración. En muchas ocasiones, ni siquiera lo intentamos.

3. Juzgamos mal a los que sí hablan bien de sí mismos

Dado que como he dicho, solemos confundir modestia con humildad, tendemos a tachar de prepotente y engreído a aquella persona que habla con naturalidad de su potencialidades. Es necesario entender que lo que hace que una persona sea humilde es el hecho de que, por muchos talentos o posesiones que tenga, no se siente superior a los demás. Añadiría que tener un gran talento y fingir que no lo tenemos para que los demás no nos juzguen es una hipocresía. Para que se entienda, es muy diferente decir “yo toco bien la guitarra” a decir “yo soy el mejor tocando la guitarra y tu eres un ignorante por que no eres capaz de juntar dos notas”. ¿Se aprecia la diferencia?

4. Alguien puede llevarse todo el mérito

En el mundo laboral, una persona que hace bien su trabajo y además se molesta en que se sepa, tiene muchas más posibilidades de promocionar que aquella que no deja ninguna constancia de su buen hacer. En ocasiones, en nuestro afán por ser modestos, llegamos a permitir que otros se cuelguen nuestras medallas. Bien, si eres de los que permite que esto suceda, no puedes responsabilizar a nadie más que a ti mismo.

5. Minimiza nuestra marca personal

En uno de mis talleres de formación ocupacional de 4 días, después de varias dinámicas y role-play de entrevista, una alumna me dijo “yo hablo 5 idiomas con fluidez”. Cuando le pregunté que por qué no lo había dicho antes, me contesto lo típico: “no quería resultar prepotente”. Yo me pregunto, ¿todas las horas que una persona dedica durante años a poder hablar con fluidez 5 lenguas, no le da derecho a pode manifestarlo con naturalidad? ¿En qué mundo vivimos?

La marca personal es la huella que dejamos en los demás, es decir, lo que la gente piensa y recuerda de nosotros. En mis procesos de coaching de marca personal trabajamos para que el trabajo, el talento y las cualidades de una persona sean conocidos por el mayor número de personas posible, lo cual favorece enormemente la proyección profesional. ¿De qué te sirven toda tu formación, tu experiencia, tu valores, tus aptitudes… si nadie las conoce? Hay una gran diferencia entre la persona que quiere ser cantante y espera ser descubierta por casualidad en un karaoke por un gran productor musical, a la que crea un canal de youtube donde millones de personas pueden disfrutar de su talento.

¡Brilla!

 

Cómo superar una ruptura sentimental en el menor tiempo posible

¿Tu novia te ha dejado? ¿Has roto con tu chico? ¿Sientes que el mundo se acaba y que no vas a poder superar este momento? ¡Qué no cunda el pánico! Lo vas a superar. Morir de amor ya no está de moda. Te paso estos 10 consejos para que el trago dure lo menos posible y salgas de él siendo una persona totalmente renovada/o. Que una ruptura sea un drama o un nuevo comienzo depende sólo de tí.  

1. Relativiza

Analiza la situación con un poco de perspectiva. Romper con una pareja no es comparable a una enfermedad grave, el fallecimiento de un ser querido o cualquier otra desgracia. Un ruptura es un punto en que dos personas deciden tomar caminos separados, nada más (y nada menos). Mientras lees estas líneas hay miles de parejas que están rompiendo en todo el mundo. Vamos, que no es un acontecimiento tan importante como queremos creer. Hay pérdidas mucho más dramáticas que el cambio de estado civil, así que empieza aplicándote el “menos dramas”.

2. No busques culpable

Por alguna oscura razón tendemos a necesitar culpar a una de las dos partes de una ruptura, y yo me pregunto ¿para qué? Si nadie considera que enamorarse es un acto heroico, ¿por qué tenemos que considerar que dejar de querer a alguien nos convierte en seres despreciables? En mi opinión culpar a tu ex de vuestra ruptura no cambia nada, sólo te otorga el papel de víctima, que, quizá te guste, pero ya te digo yo que acaba cansando y no trae nada bueno. El hecho es que, con culpables o sin ellos, has de asumir que tu vida ha cambiado, y como aún no sabes si es para mejor o peor, ¿por qué no te dejas de reproches?

3. Asume que quizá el amor no dure para siempre

Esta cosa rara a la que llamamos amor obedece a factores muy dispares: antropológicos, físicos, químicos, educacionales, culturales… Lo que si podemos dar por cierto es que a veces no dura para siempre (por decirlo de una manera suave, porque el hecho es que son cada vez menos los casos en que así es). Pero ¿un amor que dura 5 años y ha sido genial, es menos amor que uno que dura 50? Quizá deberíamos todos empezar a aceptar que el amor sólo es eterno mientras dura. Sí, lo sé, él/ella te prometió que te querría siempre y ahora le reprochas que no ha cumplido su promesa. ¿Te mintió? ¡No! simplemente ha dejado de sentirlo y, confiésalo, a ti también te ha pasado, o ¿a caso sigues amando locamente a tu novio/a de la guardería?

4. Has una lista de cosas buenas

Nuestro cerebro que a veces parece diseñado para hacernos la puñeta hace una cosa curiosa: cuando has dejado de querer a alguien y piensas en romper, sólo te vienen a la cabeza todas las cosas malas que tiene ese alguien, pero cuando lo dejas o te dejan, ¡zás! sólo te acuerdas de lo bueno. En este punto es importante no confundir amor con apego, costumbre, miedo o películas de Hollywood. La solución: por muy enamorado que estés, escribe una lista de todas las cosas buenas que tiene tu nueva situación de soltería; desde las más insignificantes a las más trascendentes, desde que ahora tienes toda la cama para tí, hasta que ya no tienes que sufrir sus cambios constantes de humor… Todo lo que se te ocurra.

5. Aprende a disfrutar de tu soledad

Sentarte en una terraza a tomar un café con la única compañía de tu smartphone y sin tener que darle conversación a nadie, en soledad con tus pensamientos, puede ser un auténtico placer. Ir solo al cine, a la playa, a un viaje…, son cosas que deberíamos hacer más. En la vorágine de la vida cotidiana, llena de compromisos, es difícil encontrar momentos para tener conversaciones con uno mismo. ¿Te da miedo que te vean solo comiendo un menú en un bar y piensen cosas raras de ti? ¿En serio aún te importa tanto la opinión de unos desconocidos?

6. Socializa

En el momento de una ruptura es habitual pensar que ya no vamos a “encontrar” a nadie nunca más, que ya se nos ha pasado el arroz, que el mercado está “mu mal”. Te digo algo: las calles están llenas de gente, y sólo por estadística, al menos la mitad es gente estupenda. No te quedes en casa, no te aísles, socializa, conoce a gente, vete a fiestas… Quizá no te enamores enseguida pero seguro que es enriquecedor nutrirse de la compañía de gente nueva e interesante. Sí, también vas a toparte con mucho idiota, pero no dejemos que esta posibilidad pese más que la de conocer a alguien especial.

7. Haz planes de futuro

Piensa en todas las cosas que has querido hacer y no has hecho o por falta de tiempo o por falta de motivación. Haz una lista de las que más te ilusionen. Ir con tus sobrinos a Disneyland París, montar una tienda on-line de jabones naturales, comprarte una moto… Lo que sea que te haga sentir que hay mucho que disfrutar en el horizonte. No hay nada que motive más que tener sueños por cumplir.

8. Re-decora tu casa

¿Lo que era vuestro nidito de amor es ahora tu piso de soltero/a? Es el momento de perder de vista el horrible cuadro de punto de cruz de tu ex-suegra y reemplazarlo por una lámina de Mr. Wonderful, de redistribuir los muebles de tu dormitorio o de cambiar cortinas y cojines. Has de hacer que el espacio sea tuyo, que te represente y que marque un nuevo comienzo. Ni que decir tiene que has de quitar de la vista todos los recuerdos sentimentales de tu relación con tu ex (faltaría más).

9. Cuida tu salud y tu aspecto

Después de una ruptura puede suceder que (A:) te des cuenta de que por aquello de que ya estabas fuera del mercado te has descuidado y has descuidado tu aspecto más allá de lo recomendable o (B:) que, aunque no sea así, el simple hecho de haber roto tu relación ha minado tu autoestima. En cualquier caso ¡empieza a cuidarte! Ahora solo tienes que cocinar para ti y tienes más tiempo para hacer ejercicio. No tienes excusas. La autoestima también se conquista desde fuera y si poco a poco consigues que tu espejo te devuelva una imagen que te agrada, tu estado de ánimo lo agradecerá. No, no te estoy diciendo que te pongas buenorro/a para que ahora tu ex sepa lo que se perdió, te estoy diciendo que te encargues de gustarte más a ti mismo. Un estilo de pelo totalmente diferente también ayuda mucho.

10. Crea una banda sonora para esta nueva etapa

La música es un potente modulador el estado de ánimo. Mi recomendación es que te hagas una lista de canciones que te pongan de bueno humor, a ser posible, canciones nuevas que no te recuerden ninguna etapa anterior. A evitar: baladas descarnadas, coplas desgarradoras y cosas por el estilo. Canciones motivadoras de esas que te hacen mover los pies cuando vas sentado en el metro. Ve con tu nueva banda sonora a todas partes.

En conclusión: aunque a veces nos gusta decir eso de “tu y yo somos uno”, la realidad es que una pareja está formada por dos personas diferentes que un día deciden compartir vida y proyectos. Puede suceder que esas personas decidan dejar de caminar juntas, pero esto no es el fin del mundo.

Mis 10 consejos para trabajar en casa (y no perder la cordura en el intento)

Años atrás, trabajar desde casa era un privilegio reservado a una élite. En la actualidad, varios factores han multiplicado el número de trabajadores hogareños: la proliferación del teletrabajo gracias a la omnipresencia de internet, las nuevas profesiones nacidas a la sombra del 2.0, la nueva hornada de autoempleados forzosos consecuencia de la crisis… A todos estos hay que añadir la inmensa cantidad de desempleados cuyo trabajo consiste precisamente en pasar horas y horas buscando trabajo frente a un ordenador. Para estos, aquellos y los de más allá, hoy que celebramos (¿celebramos?) el Día Internacional de los Trabajadores, quiero resumir, en estos 10 consejos, lo aprendido tras más de 13 años trabajando desde casa.

Efectivamente, trabajar desde casa tiene muchas ventajas: no pierdes ni tiempo ni dinero en desplazamientos, te ahorras el dinero del alquiler de un despacho, puedes abrir la puerta al repartidor de Mercadona, poner una lavadora entre una video-conferencia y la redacción de un mail y… y no se me ocurren más. Sí; parece mucho más bonito de lo que es. Vamos a por el decálogo que nos salvará de la locura.

1. Limita tu espacio de trabajo

Lo ideal sería poder dedicar una habitación de tu casa exclusivamente al trabajo, y no lo digo por la comodidad, no. Lo digo por poder cerrar la puerta cuando termines de trabajar. Comer, jugar al parchís y trabajar en la misma mesa acaba dando cosica. Si no dispones de habitaciones de sobra en tu casa, hay otras formas de separar vida y trabajo, como usar un biombo, o montar la mesa del trabajo en la parte más alejada del sofá… lo que sea que te permita tener la sensación de que has cambiado de escenario cuando terminas de currar.

2. Limita tu tiempo de trabajo

Es muy tentador aquello de “empiezo a trabajar cuando termine El programa de Ana Rosa y ya terminaré mientras la cena está en el microondas”, pero a la hora de la verdad o limitas tu horario o no habrá ni horario ni vida. Por mucha profesión liberal que tengas, el mundo empieza a moverse a las 9 de la mañana. Y por muy bohemio que te creas, trabajar hasta las 3, acabará con tu vida social, tu pareja y tu vista…

3. Limita tus visitas a la nevera

¿Hace falta explicar este punto?

4. Limita las visitas

Quienes más tardan en entender que estar en casa no es sinónimo de estar disponible son tus amigotes. Si contestas a sus whatsapps el primer día, el segundo te llaman para contarte su fin de semana (ése que no saliste porque estabas en casa trabajando) y al tercer día acaban instalándose en tu sofá, comiéndose tus ganchitos y viendo Sálvame, mientras tú hablas por teléfono desde el balcón diciéndole a tu cliente que “te ha pillado en la calle” porque no quieres que los gritos de La Esteban acaben arruinando tu reputación.

5. Levántate y anda

Como será inevitable (te lo digo yo) que le eches más horas de lo recomendable (sobre todo los 9 primeros años, mientras te adaptas), levántate de vez en cuando y haz unos estiramientos. Sí, intenta tocar el suelo con la punta de los dedos o algo así si no quieres que tu silla de oficina modelo asequible de Ikea y tu cuerpo, acaben siendo una misma cosa.

6. Si tienes mascota, explícaselo bien claro

Es más fácil acostumbrar a una mascota a que respete tus horarios de trabajo que a cualquiera de tus amigos (garantizado). Si tienes perro, simplemente ignóralo durante tus horas de trabajo y acabará entendiendo que no puede estar todo el día panza arriba reclamando tu atención. Si tienes gato, no hagas nada; él hará lo que le dé la gana igualmente.

7. No eres multitarea

¿Crees que puedes ver Juego de Tronos y redactar un email al mismo tiempo? La sensación que tenemos todos los emprendedores de que somos multitarea es básicamente eso: una sensación. ¿Recuerdas aquel email en el que insultabas a un cliente, que  por error acabaste enviándolo al propio cliente? Apaga la tele. Las tareas de una en una. Sin nervios pero sin pausa.

8. No malcríes al cliente

Si tu cliente ve que le has mandado un mail a las 2 de la mañana, es muy posible que entienda que puede whatsappearte cuando le salga de la peineta. ¡Hazte el muerto! Que tu miedo a perder un cliente no haga que los clientes te hagan perder todo tu tiempo. Te han contratado por tus talentos, no les has vendido tu alma. Respétate. Edúcalos.

9. Las aplicaciones son tus amigas

Hay cientos y cienes de aplicaciones de productividad gratuitas que pueden ayudarte a gestionar mejor tus tareas y organizar mejor tu tiempo. Gestores de tareas, calendarios, recordatorios, gestores de proyectos, mapas mentales, pomodoros… La tecnología está de tu lado. Si tienes la pantalla del ordenador llena de post-its, te estoy hablando a ti. Tu tiempo es dinero, así que todo el tiempo que puedas ahorrar es dinero que puedes ganar.

10. Sal de casa

Lee muy bien lo que te voy a decir. Al menos dos días por semana, vístete, coge tu tablet y vete a algún lugar a trabajar. Puede ser un bar, un parque, una biblioteca… Sal de casa y deja de pasar el día entero en pijama y zapatillas. Acude a espacios de coworking donde el ambiente invite a colaborar y socializar antes de que sea demasiado tarde. Es difícil sentirse profesional llevando un pantalón de Bob Esponja día y noche.

11. (Bonus Track)

Búscate una oficina.

 

Aprendiendo a cumplir años

Hoy es mi cumpleaños. Me caen 41. Si tienes más años que yo posiblemente pensarás “qué joven aún” y si eres más joven pensarás “qué pureta es ya”. Y es que la edad tiene esto: es siempre relativa. Además es posible que ahora que conoces mi edad, busques mis fotos en la web para ver “qué tal los llevo”. Así somos con el tema de la edad. Conozco a muy poca gente que esté conforme con su edad y que, asimismo, no se considere un anciano. Y es que es inevitable: en todos nuestros recuerdos éramos más jóvenes. ¡Ayer éramos más jóvenes!

El caso es que hoy me he levantado con mi nuevo dígito y, ¡sorpresa!: me he sentido feliz. ¿Feliz de cumplir años? (sí, yo también me he sorprendido un poco). Así que mientras venía a la oficina he ido haciendo una lista mental de aquellas cosas que creo que me han hecho sentir esta jovialidad, y como no tengo pudor y tiendo a pensar que digo cosas interesantes, aquí tenéis mi lista. Podríamos llamarla algo así como “Consejos para alegrarse de cumplir años” o “Manual del cumpleañero feliz”.

1. Alégrate de estar vivo

Vivimos en un planeta remoto con una particularidad excepcional: la vida. Sabemos que en caso de que haya planetas similares, no están precisamente a la vuelta de la esquina. Somos, por tanto, una rareza en el Universo, así que lo inteligente es sentirse afortunado por el mero hecho de existir y tener conciencia de ello, por muy dura que la vida parezca ponerse a veces.

2. Estudia algo

No es triste hacerse mayor, lo triste es cumplir años y no haber aprendido nada. La curiosidad es inherente al ser humano (o debería serlo). Estudia lo que sea, aprende cosas nuevas, lo que más te guste, aunque no sirva para mucho, y nunca te sentirás mayor.

3. Actualízate

Manténte al día de los avances tecnológicos. No te niegues a aprender a manejar los nuevos aparatos y herramientas: ordenadores, redes sociales, aplicaciones de móviles, navegadores, televisores inteligentes… No son diabólicos, no son difíciles, no los han creado para hacerte la vida imposible… En el momento que decides tirar esa toalla, en ese justo momento, te has hecho mayor. El mundo está en continuo cambio y la gente que se adapta nunca envejece.

4. Controla tu peso

No nos engañemos, lo que más mayores nos hace parecer son los kilos, no las arrugas. La ropa bonita no queda bien sobre kilos de grasa. Aprende a comer y haz un mínimo de ejercicio y nunca tendrás que usar “ropa de persona mayor”.

5. Viaja

Mueve el culo, coge un avión y vete a algún lugar, cuanto más diferente al tuyo, mejor. No hay nada más ilustrativo que conocer nuevas culturas, enfrentarse al reto de hacerse entender en otro idioma, conocer otras costumbres… Una estadística que me acabo de inventar dice que los viajes son los recuerdos más revisitados. Llena tu mente de bonitos viajes que recordar.

6. Siéntete guapo

Sea lo que sea lo que te hace sentir más guapo, ¡hazlo! Ropa, peluquería, cosméticos, gimnasio, hablar con tu abuela… Lo que sea. Si me vas a decir que no te importa tu aspecto, no pierdas el tiempo, no te creeré.

7. Vive tu propia edad

Si tienes 50 años, ganas lo mismo que cuando tenías 40, bebes como si tuvieras 30, quieres ligar como si tuvieras 20 y te vistes como si tuvieras 15, estás en cualquier sitio menos en el presente. Todas las edades tienen cosas buenísimas. El tiempo nunca se recupera, así que pon fin a tu adolescencia y vive el presente con plenitud. Siempre es mejor ser una persona feliz de 60 años, que una de 40 infeliz porque no volverá a tener 20. Un poquito de por favor…

8. Hazte querer

¿Tienes menos amigos que el año pasado? ¿Te has separado? ¿Socializas poco? Estar rodeado de gente que te quiere no es algo que sucede porque sí. El amor es de las pocas cosas que crece cuanto más das. Deja de gruñir y ama.

Como te iba diciendo… hoy me he levantado con 41 años, me he alegrado de estar vivo, pronto empiezo un nuevo curso, exprimo las posibilidades que me da internet, he bajado 6 kilos, he hecho el viaje más apasionante de mi vida, me he comprado ropa bonita y no quiero ser otra cosa que no sea un cuarentón, y me han despertado con un beso, así que soy feliz. Un cuarentón feliz.

¿Se te ocurren más consejos para cumplir años con alegría? Si somos capaces de añadirle dos puntos más hacemos un decálogo chachi chachi.

 

La discapacidad es un estado mental

Hoy, día 3 de diciembre de 2013. Ahora, a las 13:y pico horas. Acabo de llegar a mi casa de dar una charla de autoestima para un público especial. Discapacitados desempleados. Y no digo “especial” por el motivo que quizá estéis pensando.

Hablo sobre la autoestima en casi todos los talleres que imparto. Es un asunto recurrente, dado que es tremendamente importante. La experiencia, que es la mejor maestra, me ha enseñado qué ciertas preguntas formuladas a diferentes grupos de personas, suelen tener respuestas muy similares. Esto es una gran ventaja, porque si conozco de antemano las respuestas puedo preparar tranquilamente mis argumentos. Digamos que juego con ventaja.

Generalizando, una de las cosas que puedo deciros es que cada vez que le pido a alguien que me hable de sus capacidades, lo primero que hace es resoplar. Esa es la respuesta: un sonoro buffffffffffff. Me tengo que esforzar verdaderamente para lograr que alguien diga “soy muy bueno con los ordenadores” o “se me da bien el trato con la gente”. Muy poca gente es consciente de sus capacidades, o como mínimo, es capaz de hablar de ellas con naturalidad.

Pero hoy ha sido distinto. Hoy, cuando he hecho esa misma pregunta delante de un grupo de supuestos “discapacitados”, podría asegurar que he sentido mucha menos resistencia a hablar de sus talentos. Gran sorpresa. Gran lección. Desconozco los motivos. Quizá la gente les ha recordado tantas veces que había cosas que no podían hacer que se han aburrido de mencionarlo y han trabajado más en sus capacidades. No lo se, pero así es como lo he sentido.

Han hablado de la situación de desempleo, de la crisis, de esto y de aquello…, pero a nadie se le ha ocurrido hablar de su “discapacidad”. en cambio en otros talleres, es muy habitual que la gente esté constantemente hablando de las cosas que no se sienten capaces de hacer.

Así que mi conclusión es clara: la discapacidad es un estado mental.

Quiero compartir con vosotros una de las diapos de mi charla (creo que la que más me gusta). Ante cualquier adversidad en la vida está en nuestra mano decidir que postura adoptamos: la de víctima o la de luchador. No es fácil reconocerlo, pero todos hemos optado por ser víctimas en alguna ocasión porque así conseguimos la atención y el cariño de la gente. Conseguimos ser el centro de atención. Además adoptar la postura de víctima es tremendamente sencillo. No requiere ningún esfuerzo.

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Pero podemos optar por la otra vía. Podemos decidir luchar. Y ¿en qué nos convierte eso? ¡En héroes! Una persona que lucha por conseguir algo a pesar de tenerlo todo en contra es un héroe con todas las letras (h -é -r -o -e). Quizá solo lo conozcan en su barrio pero eso lo le hace menos héroe.

Si has leído hasta aquí, te pregunto: ¿qué decides ser tu?

 

Soñar con tacañería

Me hierve la sangre cuando en alguno de nuestros talleres le pregunto a alguien “¿cuál es tu sueño”, y me dice algo como “encontrar un trabajo de lo que sea”. ¿A este punto hemos llegado? ¿a que nuestro sueño sea vivir con lo mínimo? Suelo insistir: “No, no; no te he preguntado por lo que necesitas, te he preguntado por tu sueño, por el tipo de vida que quieres tener.” Normalmente se hace el silencio. Alguno suele decir entonces “pero Julio, tal y como están las cosas…” Y yo me enciendo.

Vale, te han quitado tu trabajo; de acuerdo, vives de manera muy precaria; pero cuidado, porque si les has permitido que también se llevaran tus sueños…

¡Me niego a desistir de mis aspiraciones! ¡Son mi mayor tesoro! Para prosperar me levanto por las mañanas. Para mejorar mi vida trabajo cada día. Quiero para mí más calidad de vida. Y no sólo la quiero, sino que no quiero dejar de quererla.

Me llaman iluso, flipao, y cosas peor sonantes… y quien lo hace es ya, sin saberlo, cómplice del ladrón de nuestros sueños. Ése que quiere una sociedad resignada, sumisa y buena pagadora de impuestos. La gente sin aspiraciones nunca plantea problemas a los que acaparan el poder.

¿Conoces a alguien que, aspirando a encontrar un trabajo cualquiera, consiguiera fundar una empresa? ¿Crees que te sucederán grandes cosas, aspirando a cosas pequeñas? ¿y aspirando a absolutamente nada?  Si te pones a soñar, no lo hagas con tacañería, porque soñar es muy barato y te llena de energía (sin haberlo deseado me ha salido un pareado). La ilusión es gasolina para tu motor.

Nunca ha existido un triunfador que no fuera un niño con grandes sueños.