De predicadores y coaches

Navegando por los blogs de algunos colegas me he topado con un post de Pedro Amador titulado “Soy coach cuando hago coaching” que me da unas tremendas ganas de abrazarlo:

… los coaches guardamos nuestros juicios y ayudamos a hacer crecer a las personas sólo cuando hacemos una sesión de coaching. Fuera de eso, somos personas: con opiniones, con voluntades, con valores, con ideas, con sueños, con virtudes, con defectos, con alegrías, con tristezas, con ganas de vivir. Este detalle no se debe olvidar.

– Pedro Amador

Extendiéndome en el tema, y como siempre, en mi opinión, una cosa es que el proceso de formación como coaches haya supuesto para nosotros una etapa de gran crecimiento personal, y otra muy distinta es que esa formación nos haya convertido en sabios, en personas elevadas, predicadores o gurús. Añado además que en mi experiencia, cuando alguien decide dedicarse al coaching, es porque su proceso de “inquietud vital” ha empezado mucho antes, no el día que comienza a hacer un Master.

En una de mis formaciones se nos llegó a decir que un coach tenía que serlo las 24 horas del día, que teníamos que dar ejemplo con nuestra vida (precisamente alguien que difícilmente sería para mí un modelo de conducta). ¡Como si eso fuera posible! Yo al menos pienso seguir siendo humano, equivocándome, perdonándome por ello y aprendiendo.

Soy coach, no el Dalai Lama (que más quisiera). No me siento en posición de predicar, ni de verbo ni con el ejemplo. Otra cosa es que decida compartir y debatir sobre ideas que han significado algo importante para mí. Discutir sobre asuntos que me hagan pensar; cambiar de opinión quizá.

Está claro que yo no contrataría nunca a un coach que no me transmita cierta sensación de confianza, éxito e incluso sabiduría, no me voy al otro extremo; pero es que creo que predicar va totalmente en contra de la filosofía del coaching (y si no, que alguien me convenza de lo contrario).

Coaches en las redes

Nuevo como soy en las redes sociales, he vivido momentos de verdadera perplejidad al comprobar cómo algunos coaches dogmatizan desde sus cyber-púlpitos. He visto como lo que debería ser un diario de sensaciones, opiniones y emociones es simplemente una sucesión de frases e ideas ajenas, que están muy bien (yo soy el primero en usarlas), pero que cantan mucho a “soy muy guay, contrátame” e insultan la inteligencia del follower. Ha habido momentos en los que he reprimido mensajes sobre emociones negativas que de verdad estaba sintiendo, por pudor a mostrar mi lado humano. Suerte que decidí dejar de hacerlo.

Claro que quiero que me contraten, faltaría más, pero no fingiendo que soy una persona que conoce todas las respuestas, siendo como mucho, una persona que sabe hacer algunas preguntas; pero una persona que tiene opiniones, días malos, días buenos, decepciones e ilusiones, luces y sombras, carne y huesos.

Por todo este rollo que os he soltado me ha gustado tanto ese post de Pedro Amador, porque ya no me siento tan raro. Queda pendiente ese abrazo.