Soñar con tacañería

Me hierve la sangre cuando en alguno de nuestros talleres le pregunto a alguien «¿cuál es tu sueño», y me dice algo como «encontrar un trabajo de lo que sea”. ¿A este punto hemos llegado? ¿a que nuestro sueño sea vivir con lo mínimo? Suelo insistir: “No, no; no te he preguntado por lo que necesitas, te he preguntado por tu sueño, por el tipo de vida que quieres tener.” Normalmente se hace el silencio. Alguno suele decir entonces “pero Julio, tal y como están las cosas…” Y yo me enciendo.

Vale, te han quitado tu trabajo; de acuerdo, vives de manera muy precaria; pero cuidado, porque si les has permitido que también se llevaran tus sueños…

¡Me niego a desistir de mis aspiraciones! ¡Son mi mayor tesoro! Para prosperar me levanto por las mañanas. Para mejorar mi vida trabajo cada día. Quiero para mí más calidad de vida. Y no sólo la quiero, sino que no quiero dejar de quererla.

Me llaman iluso, flipao, y cosas peor sonantes… y quien lo hace es ya, sin saberlo, cómplice del ladrón de nuestros sueños. Ése que quiere una sociedad resignada, sumisa y buena pagadora de impuestos. La gente sin aspiraciones nunca plantea problemas a los que acaparan el poder.

¿Conoces a alguien que, aspirando a encontrar un trabajo cualquiera, consiguiera fundar una empresa? ¿Crees que te sucederán grandes cosas, aspirando a cosas pequeñas? ¿y aspirando a absolutamente nada?  Si te pones a soñar, no lo hagas con tacañería, porque soñar es muy barato y te llena de energía (sin haberlo deseado me ha salido un pareado). La ilusión es gasolina para tu motor.

Nunca ha existido un triunfador que no fuera un niño con grandes sueños.