¿Dónde escondes tu verdadera vocación? Los 4 escudos que te impiden triunfar

Por si te ayuda a ser más feliz… voy a contarte dónde creo yo que ocultas tu verdadera vocación y tu talento más sobresaliente.

Entre mis clientes de coaching se encuentran no pocas personas que me plantean la siguiente premisa: “quiero dar un giro a mi carrera profesional pero no se qué es lo que de verdad quiero hacer”. ¿Cómo es posible que de verdad lleguemos a pensar que no sabemos a qué nos queremos dedicar? Mi teoría es que siempre lo sabemos, que desde niños tenemos sueños y aspiraciones, pero que ocultamos nuestra verdadera vocación bajo una conjunto de miedos y prejuicios; concretamente estos 4 son los que más frecuentemente he detectado:

1. La modestia

Todos tenemos talento, muchos talentos diferentes, algo que nos hace sobresalir; pero nos han educado haciéndonos creer que destacar, hacer gala de nuestro don sobresaliente, significa ser un prepotente. Nadie quiere exponerse al riesgo de el rechazo que esto provocaría. De esta manera ocultamos nuestros talentos detrás de la modestia para ser aceptados, más queridos. El problema es que en ocasiones ocultamos tanto nuestro talento, nos decimos tantas veces “soy una persona como los demás” que nos lo acabamos creyendo. El diálogo interno es tremendamente poderoso.

¿Es cierto que hacer gala de talento es sinónimo de prepotencia? Usar y mostrar nuestro talento no solo no es prepotencia sino una responsabilidad. Somos un animal social, lo que implica que necesitamos del grupo para sobrevivir. En este sentido, ¿no sería lo más inteligente para el bien del grupo que cada persona se dedicara a aquello que mejor sabe hacer? Además de reportarnos satisfacción y felicidad, dedicarnos a potenciar nuestro talento especial favorece el bien común más que cualquier otra cosa.

Ser modesto significa ocultar o disimular nuestras aptitudes más destacables; es decir, la modestia siempre es falsa. Cuando le pido a mis clientes que me hablen desprovistos de cualquier atisbo de modestia empiezan a hacer afirmaciones muy interesantes: “siempre he sido bueno dibujando”, “tengo un talento natural para hacer que la gente se sienta bien”, “soy un crack con los números”… Aquí empieza la parte más interesante de un proceso de coaching: la toma de conciencia de nuestras habilidades.

2. El qué dirán

Una cliente me dijo una vez “estudié una ingeniería para demostrarle a mi familia que era tan inteligente como mi hermano, pero en realidad siempre he querido dedicarme a la música”. ¡Cuantas veces decidimos estudiar una carrera o dedicarnos a algo por que tiene prestigio social, porque hará que los demás mejoren su concepto sobre nosotros, porque tiene mucha salida…

Opino que en el momento vital en que normalmente tenemos que decidir cómo enfocaremos nuestros estudios o nuestros primeros trabajos nuestra personalidad no está consolidad y que, en muchas ocasiones, decidimos más en función de la opinión de los demás que en función de nuestra verdadera vocación.

Por supuesto que una persona con un talento especial para la música puede ser un gran ingeniero, pero los niveles más altos de excelencia siempre se alcanzan haciendo aquello que nos apasiona. Esto no es una opinión sino un hecho contrastado.

3. Miedo al fracaso

¿Y si no soy tan bueno como creo en esta o aquella profesión? ¿Y si no lo consigo? Seguro que hay miles de personas que lo hacen mejor que yo…

Talento y vocación están íntimamente ligados. Para mi son casi la misma cosa. Nuestro cerebro, aunque aveces parezca lo contrario, siempre actúa en nuestro beneficio. Una persona que aspira a pilotar un avión lo hace porque reconoce en sí mismo las habilidades necesarias para hacerlo de manera eficiente. No importa que un niño nunca haya pilotado una nave, si aspira a hacerlo es porque tiene al menos firmes sospechas de que lo hará bien. Precisamente por nuestro miedo al fracaso, siempre aspiraremos a hacer algo en lo que sabemos que destacaremos. Sin embargo en muchas ocasiones no nos escuchamos a nosotros mismos.

Por otro lado ¿es necesario ser el mejor del mundo en una actividad para ganarse la vida con ella? Quizá no seas el mejor piloto, el mejor músico, el mejor hostelero, pero ¿no basta con que seas realmente bueno en lo que hagas?

4. Miedo al éxito

¿Miedo al éxito? me preguntan extrañados muchos clientes. ¿Cómo se puede tener miedo a tener éxito?

El miedo al éxito esconde en sí otros miedos más sutiles. Uno de ellos es el miedo a conseguir hacer algo grande y ponernos a nosotros mismos en la tesitura de tener que mejorar aquello que hemos logrado. La superación continua es una tendencia habitual en un ser humano mentalmente sano, pero también es una perspectiva que a priori puede resultarnos agotadora. Sin embargo cuando alguien ha realizado alguna actividad con éxito, es relativamente fácil superar el hito, dado que en el proceso habrá aprendido qué aspectos son susceptibles de mejora. Aunque llegáramos a alcanzar una cota de éxito que no pudiéramos superar ¿no sería esto en sí un grandísimo éxito?

El otro temor que esconde el miedo al éxito es el de ser rechazados por nuestro entorno, miedo a que piensen que “hemos cambiado”. Por desgracia no es tan habitual que las personas trabajen continuamente por mejorar y en ocasiones el éxito de una persona hace más evidente la apatía de otros. En este sentido puede que a los ojos de algunas personas nuestro éxito sea una amenaza. En nuestra mano está el decidir no brillar para que otros que no se molestan en cultivar su propio brillo no se sientan mal. A mi no me parece un motivo muy legítimo.

Así las cosas, cuando le planteo a un cliente “si me hablas sin modestia, si supieras que vas a conseguirlo, si no te importara la opinión de los demás, ¿a qué te gustaría dedicarte?” ahí suele empezar un estupendo proceso de coaching.

¿Cual es tu verdadera vocación? ¿cual es tu talento más sobresaliente?

Es tu responsabilidad trabajar en tu felicidad.