Asertividad o el arte de decir «no»

Veamos si te sientes identificado con este comportamiento: te cuesta horrores decir «no» a casi todo (un favor de un amigo, hacer horas extra, asistir a una boda que no te apetece…), porque no quieres herir o fallar a la gente, pero luego te enfadas enormemente porque no te queda tiempo para ti. Odias hacer aquello a lo que te has comprometido o estás cansado de estar para todo el mundo, y además no recibes la misma respuesta cuando eres tú quien necesita algo. ¿Te suena? ¿Te frustra? ¿Te enfada? Bien, pues el nombre de la cualidad que te toca desarrollar es asertividad.

De ma era formal podemos definir la asertividad como la capacidad de defender nuestros derechos, sentimientos y necesidades sin perjudicar los de los demás. O por decirlo de manera más coloquial: la capacidad para hacer lo que me da la gana o más me interesa en cada momento sin sentir remordimientos o sin reaccionar como una mala bestia. Porque en ocasiones, cuando uno se harta de decir que sí a todo, acaba poniendo límites desde el enfado o la rabia de la peor manera.

La asertividad sería el término medio saludable entre ser demasiado servicial y ponerse como un energúmeno. Se trata de defender tus necesidades o prioridades con convicción y educación. Cierto es que aún así alguna de esas personas a las que hemos «malcriado» pueden darse por ofendidos cuando empezamos a marcar límites, pero aquí la pregunta sería ¿te merece la pena esa relación?

¿Cómo conquisto la asertividad?

Lo primero en que me gustaría que pensaras es en lo injusto que es para ti, que antepongas las necesidades de los demás a las tuyas. Sí, ya sé que te han enseñado que es de buena persona estár ahí siempre para los demás, pero en esto, como en todo, hay que tener medida. Tienes el mismo derecho que cualquier persona (por mucho que aprecies a esa persona), a dar prioridad a tus necesidades y a respetar tu escala de valores.

Ser asertivo significa respetarse, respetarse es el primer paso para amarse y amarse es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos y los demás. Creo que a estas alturas ya nadie discutirá esto.

Tienes derecho a decir «no» cuando algo te perjudique en algún aspecto, aunque ese aspecto sea «estar tirado en tu sofá». Además no es necesario justificarse, un «lo siento, pero en este momento no voy a poder ayudarte con esto que me estás pidiendo» es más que suficiente.

Tienes derecho a cometer errores. ¡Faltaría más! De hecho, es la mejor maera de seguir aprendiendo.

Tienes derecho a pedir ayuda. ¡Sí, lo tienes! A veces nos decepcionamos porque estamos esperando a que la gente nos lea la mente, adivine que necesitamos algo y nos lo ofrezca… y claro, esto rara vez sucede. La gente no es adivina. También es tu derecho pedir.

Tienes derecho a tener tus propias opiniones y reclamar el respeto necesario respecto a las mismas. Del mismo modo que tienes derecho a cambiar de opinión y ser respetada/o también por ello. Creo que cambiar de opinión es una de las mayores muestras de madurez y sabiduría (claro que quizá mañana cambie de opinión ;-P)

Tienes derecho, en definitiva, a ser tratado con respeto, educación e incluso con cariño. Lo grave del asunto es que normalmente somos nosotros mismos quienes no nos concedemos este derecho, por confundir asertividad con egoísmo. Y es que cuando nos enseñaron a «ser buenos con todo el mundo» se olvidaron de recordarnos que nosotros formamos parte de ese mundo.

No culpes a los demás. La responsabilidad de respetar tus propios límites recae sólo en ti. ¿Estás dispuesta/o a asumirla?

 

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  1. […] Para ampliar información puedes escuchar el audio de este mismo post o leer también uno de mis artículos antiguos donde hablo de “los derechos asertivos”. ¡Pincha aquí y comienza a ser más asertivo hoy! […]

  2. […] y convicciones. Ser asertivo significa comprometernos con nuestro bienestar. En mi artículo “Asertividad o el arte de decir no” profundizo en este asunto tan […]

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