Mi jefe es más joven que yo

Muchas personas se sienten molestas por el hecho de tener un jefe más joven y parece que este malestar es proporcional al numero de años de diferencia. ¿Por qué nos sentimos así? ¿Cómo nos hace sentir tener un jefe milenial

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Los que ya peinamos canas tendemos a sentirnos más sabios y maduros que las generaciones posteriores. Del mismo modo los jóvenes tienden a sentirse más “poderosos” por el hecho de estar en la vanguardia de las tecnologías. El eterno choque generacional. Me da la sensación de que unos y otros nos equivocamos.

Esta situación, cada vez más habitual en el entorno laboral, no es más que la traslación de lo que suele pasar en muchas familias. No importa los años que tengamos, nuestros padres nos ven como niños. En una estructura jerárquica como la familiar, suele ser difícil que un mayor admita que se equivoca o que tiene algo que aprender de un joven.

Orgullo y prejuicio

El titulo de la célebre novela de Jane Austin puede darnos la explicación. Sentirse joven o mayor muchas veces depende de la comparación. Es un clásico el shock que nos supone la primera vez que un niño nos llama “señor/a”. ¡Dios mío, ese niño nos convierte en ancianos! y parece que cumplir años es algo negativo. ¿No sobrevaloramos la juventud? 

Lo que sucede cuando tenemos un jefe más joven es que puede hacernos sentir incompetentes, desfasados, fracasados…, y es un error. Si lo piensas, en una estructura empresarial, la edad por sí misma no debería ser un valor. El mérito, la visión, el conocimiento, la experiencia concreta en determinadas funciones… esto es lo que tiene sentido que se valore.

Aceptación

Deberíamos aceptar que la vida es continua evolución y las compañías que no evolucionan pueden desaparecer. Que el cambio social y la tecnología hace mutar a las empresas no es algo nuevo, lo que sucede es que la velocidad a la que lo hacen es cada vez mayor.

Deberíamos aceptar que los méritos sean el principal motivo de promoción, no la edad, no la antigüedad.

Deberíamos aceptar que somos una población que envejece y que, por suerte, tenemos la generación de jóvenes más preparados de la historia (los que lo están, claro está).

Deberíamos aceptar que, independientemente de nuestra edad, la evolución debería ser un continuo. Es nuestra responsabilidad decidir, o no, apearnos de lo novedoso. Siempre digo que lo unico que hace que un trabajador sea mayor es la desactualización.

Rompiendo prejuicios

La vida se vuelve más rica cuando aprendemos que de todas las personas podemos aprender algo. Jóvenes, ancianos, niños, universitarios, gente sin estudios…, cualquier persona puede darnos grandes lecciones si nos alejamos de los prejuicios.

No es necesariamente cierto que los tiempos pasados fueron mejores. Y aunque así fuera, vivimos en el hoy, y eso no se puede cambiar. Los mayores de hoy fuimos los vanguardistas de ayer.

Tener un jefe más joven no significa que tu no seas un gran profesional. Esta conclusión nace de la inseguridad y del orgullo.

Estamos en el mismo barco

¿Y si en lugar de amotinarnos contra el jefe milenial nos decidimos a hacer equipo? ¿Y si el jefe joven facilita la actualización del mayor a ritmo que este necesite? ¿Y si el mayor traslada su experiencia y conocimiento al joven con espíritu de equipo?

Muchísimos de mis clientes de Coaching pasan por momentos personales realmente duros derivados de un mal ambiente laboral. ¿Qué sentido tiene actuar en contra de tu propio equipo?

Valoremos a nuestros jefes y a nuestros subordinados por su valía y no por asuntos tan banales como nuestra fecha de nacimiento. ¿No te parece?

Mis 10 consejos para trabajar en casa (y no perder la cordura en el intento)

Años atrás, trabajar desde casa era un privilegio reservado a una élite. En la actualidad, varios factores han multiplicado el número de trabajadores hogareños: la proliferación del teletrabajo gracias a la omnipresencia de internet, las nuevas profesiones nacidas a la sombra del 2.0, la nueva hornada de autoempleados forzosos consecuencia de la crisis… A todos estos hay que añadir la inmensa cantidad de desempleados cuyo trabajo consiste precisamente en pasar horas y horas buscando trabajo frente a un ordenador. Para estos, aquellos y los de más allá, hoy que celebramos (¿celebramos?) el Día Internacional de los Trabajadores, quiero resumir, en estos 10 consejos, lo aprendido tras más de 13 años trabajando desde casa.

Efectivamente, trabajar desde casa tiene muchas ventajas: no pierdes ni tiempo ni dinero en desplazamientos, te ahorras el dinero del alquiler de un despacho, puedes abrir la puerta al repartidor de Mercadona, poner una lavadora entre una video-conferencia y la redacción de un mail y… y no se me ocurren más. Sí; parece mucho más bonito de lo que es. Vamos a por el decálogo que nos salvará de la locura.

1. Limita tu espacio de trabajo

Lo ideal sería poder dedicar una habitación de tu casa exclusivamente al trabajo, y no lo digo por la comodidad, no. Lo digo por poder cerrar la puerta cuando termines de trabajar. Comer, jugar al parchís y trabajar en la misma mesa acaba dando cosica. Si no dispones de habitaciones de sobra en tu casa, hay otras formas de separar vida y trabajo, como usar un biombo, o montar la mesa del trabajo en la parte más alejada del sofá… lo que sea que te permita tener la sensación de que has cambiado de escenario cuando terminas de currar.

2. Limita tu tiempo de trabajo

Es muy tentador aquello de «empiezo a trabajar cuando termine El programa de Ana Rosa y ya terminaré mientras la cena está en el microondas», pero a la hora de la verdad o limitas tu horario o no habrá ni horario ni vida. Por mucha profesión liberal que tengas, el mundo empieza a moverse a las 9 de la mañana. Y por muy bohemio que te creas, trabajar hasta las 3, acabará con tu vida social, tu pareja y tu vista…

3. Limita tus visitas a la nevera

¿Hace falta explicar este punto?

4. Limita las visitas

Quienes más tardan en entender que estar en casa no es sinónimo de estar disponible son tus amigotes. Si contestas a sus whatsapps el primer día, el segundo te llaman para contarte su fin de semana (ése que no saliste porque estabas en casa trabajando) y al tercer día acaban instalándose en tu sofá, comiéndose tus ganchitos y viendo Sálvame, mientras tú hablas por teléfono desde el balcón diciéndole a tu cliente que «te ha pillado en la calle» porque no quieres que los gritos de La Esteban acaben arruinando tu reputación.

5. Levántate y anda

Como será inevitable (te lo digo yo) que le eches más horas de lo recomendable (sobre todo los 9 primeros años, mientras te adaptas), levántate de vez en cuando y haz unos estiramientos. Sí, intenta tocar el suelo con la punta de los dedos o algo así si no quieres que tu silla de oficina modelo asequible de Ikea y tu cuerpo, acaben siendo una misma cosa.

6. Si tienes mascota, explícaselo bien claro

Es más fácil acostumbrar a una mascota a que respete tus horarios de trabajo que a cualquiera de tus amigos (garantizado). Si tienes perro, simplemente ignóralo durante tus horas de trabajo y acabará entendiendo que no puede estar todo el día panza arriba reclamando tu atención. Si tienes gato, no hagas nada; él hará lo que le dé la gana igualmente.

7. No eres multitarea

¿Crees que puedes ver Juego de Tronos y redactar un email al mismo tiempo? La sensación que tenemos todos los emprendedores de que somos multitarea es básicamente eso: una sensación. ¿Recuerdas aquel email en el que insultabas a un cliente, que  por error acabaste enviándolo al propio cliente? Apaga la tele. Las tareas de una en una. Sin nervios pero sin pausa.

8. No malcríes al cliente

Si tu cliente ve que le has mandado un mail a las 2 de la mañana, es muy posible que entienda que puede whatsappearte cuando le salga de la peineta. ¡Hazte el muerto! Que tu miedo a perder un cliente no haga que los clientes te hagan perder todo tu tiempo. Te han contratado por tus talentos, no les has vendido tu alma. Respétate. Edúcalos.

9. Las aplicaciones son tus amigas

Hay cientos y cienes de aplicaciones de productividad gratuitas que pueden ayudarte a gestionar mejor tus tareas y organizar mejor tu tiempo. Gestores de tareas, calendarios, recordatorios, gestores de proyectos, mapas mentales, pomodoros… La tecnología está de tu lado. Si tienes la pantalla del ordenador llena de post-its, te estoy hablando a ti. Tu tiempo es dinero, así que todo el tiempo que puedas ahorrar es dinero que puedes ganar.

10. Sal de casa

Lee muy bien lo que te voy a decir. Al menos dos días por semana, vístete, coge tu tablet y vete a algún lugar a trabajar. Puede ser un bar, un parque, una biblioteca… Sal de casa y deja de pasar el día entero en pijama y zapatillas. Acude a espacios de coworking donde el ambiente invite a colaborar y socializar antes de que sea demasiado tarde. Es difícil sentirse profesional llevando un pantalón de Bob Esponja día y noche.

11. (Bonus Track)

Búscate una oficina.

 

Aprendiendo a cumplir años

Hoy es mi cumpleaños. Me caen 41. Si tienes más años que yo posiblemente pensarás “qué joven aún” y si eres más joven pensarás “qué pureta es ya”. Y es que la edad tiene esto: es siempre relativa. Además es posible que ahora que conoces mi edad, busques mis fotos en la web para ver “qué tal los llevo”. Así somos con el tema de la edad. Conozco a muy poca gente que esté conforme con su edad y que, asimismo, no se considere un anciano. Y es que es inevitable: en todos nuestros recuerdos éramos más jóvenes. ¡Ayer éramos más jóvenes!

El caso es que hoy me he levantado con mi nuevo dígito y, ¡sorpresa!: me he sentido feliz. ¿Feliz de cumplir años? (sí, yo también me he sorprendido un poco). Así que mientras venía a la oficina he ido haciendo una lista mental de aquellas cosas que creo que me han hecho sentir esta jovialidad, y como no tengo pudor y tiendo a pensar que digo cosas interesantes, aquí tenéis mi lista. Podríamos llamarla algo así como “Consejos para alegrarse de cumplir años” o “Manual del cumpleañero feliz”.

1. Alégrate de estar vivo

Vivimos en un planeta remoto con una particularidad excepcional: la vida. Sabemos que en caso de que haya planetas similares, no están precisamente a la vuelta de la esquina. Somos, por tanto, una rareza en el Universo, así que lo inteligente es sentirse afortunado por el mero hecho de existir y tener conciencia de ello, por muy dura que la vida parezca ponerse a veces.

2. Estudia algo

No es triste hacerse mayor, lo triste es cumplir años y no haber aprendido nada. La curiosidad es inherente al ser humano (o debería serlo). Estudia lo que sea, aprende cosas nuevas, lo que más te guste, aunque no sirva para mucho, y nunca te sentirás mayor.

3. Actualízate

Manténte al día de los avances tecnológicos. No te niegues a aprender a manejar los nuevos aparatos y herramientas: ordenadores, redes sociales, aplicaciones de móviles, navegadores, televisores inteligentes… No son diabólicos, no son difíciles, no los han creado para hacerte la vida imposible… En el momento que decides tirar esa toalla, en ese justo momento, te has hecho mayor. El mundo está en continuo cambio y la gente que se adapta nunca envejece.

4. Controla tu peso

No nos engañemos, lo que más mayores nos hace parecer son los kilos, no las arrugas. La ropa bonita no queda bien sobre kilos de grasa. Aprende a comer y haz un mínimo de ejercicio y nunca tendrás que usar «ropa de persona mayor».

5. Viaja

Mueve el culo, coge un avión y vete a algún lugar, cuanto más diferente al tuyo, mejor. No hay nada más ilustrativo que conocer nuevas culturas, enfrentarse al reto de hacerse entender en otro idioma, conocer otras costumbres… Una estadística que me acabo de inventar dice que los viajes son los recuerdos más revisitados. Llena tu mente de bonitos viajes que recordar.

6. Siéntete guapo

Sea lo que sea lo que te hace sentir más guapo, ¡hazlo! Ropa, peluquería, cosméticos, gimnasio, hablar con tu abuela… Lo que sea. Si me vas a decir que no te importa tu aspecto, no pierdas el tiempo, no te creeré.

7. Vive tu propia edad

Si tienes 50 años, ganas lo mismo que cuando tenías 40, bebes como si tuvieras 30, quieres ligar como si tuvieras 20 y te vistes como si tuvieras 15, estás en cualquier sitio menos en el presente. Todas las edades tienen cosas buenísimas. El tiempo nunca se recupera, así que pon fin a tu adolescencia y vive el presente con plenitud. Siempre es mejor ser una persona feliz de 60 años, que una de 40 infeliz porque no volverá a tener 20. Un poquito de por favor…

8. Hazte querer

¿Tienes menos amigos que el año pasado? ¿Te has separado? ¿Socializas poco? Estar rodeado de gente que te quiere no es algo que sucede porque sí. El amor es de las pocas cosas que crece cuanto más das. Deja de gruñir y ama.

Como te iba diciendo… hoy me he levantado con 41 años, me he alegrado de estar vivo, pronto empiezo un nuevo curso, exprimo las posibilidades que me da internet, he bajado 6 kilos, he hecho el viaje más apasionante de mi vida, me he comprado ropa bonita y no quiero ser otra cosa que no sea un cuarentón, y me han despertado con un beso, así que soy feliz. Un cuarentón feliz.

¿Se te ocurren más consejos para cumplir años con alegría? Si somos capaces de añadirle dos puntos más hacemos un decálogo chachi chachi.

 

La discapacidad es un estado mental

Hoy, día 3 de diciembre de 2013. Ahora, a las 13:y pico horas. Acabo de llegar a mi casa de dar una charla de autoestima para un público especial. Discapacitados desempleados. Y no digo «especial» por el motivo que quizá estéis pensando.

Hablo sobre la autoestima en casi todos los talleres que imparto. Es un asunto recurrente, dado que es tremendamente importante. La experiencia, que es la mejor maestra, me ha enseñado qué ciertas preguntas formuladas a diferentes grupos de personas, suelen tener respuestas muy similares. Esto es una gran ventaja, porque si conozco de antemano las respuestas puedo preparar tranquilamente mis argumentos. Digamos que juego con ventaja.

Generalizando, una de las cosas que puedo deciros es que cada vez que le pido a alguien que me hable de sus capacidades, lo primero que hace es resoplar. Esa es la respuesta: un sonoro buffffffffffff. Me tengo que esforzar verdaderamente para lograr que alguien diga «soy muy bueno con los ordenadores» o «se me da bien el trato con la gente». Muy poca gente es consciente de sus capacidades, o como mínimo, es capaz de hablar de ellas con naturalidad.

Pero hoy ha sido distinto. Hoy, cuando he hecho esa misma pregunta delante de un grupo de supuestos «discapacitados», podría asegurar que he sentido mucha menos resistencia a hablar de sus talentos. Gran sorpresa. Gran lección. Desconozco los motivos. Quizá la gente les ha recordado tantas veces que había cosas que no podían hacer que se han aburrido de mencionarlo y han trabajado más en sus capacidades. No lo se, pero así es como lo he sentido.

Han hablado de la situación de desempleo, de la crisis, de esto y de aquello…, pero a nadie se le ha ocurrido hablar de su «discapacidad». en cambio en otros talleres, es muy habitual que la gente esté constantemente hablando de las cosas que no se sienten capaces de hacer.

Así que mi conclusión es clara: la discapacidad es un estado mental.

Quiero compartir con vosotros una de las diapos de mi charla (creo que la que más me gusta). Ante cualquier adversidad en la vida está en nuestra mano decidir que postura adoptamos: la de víctima o la de luchador. No es fácil reconocerlo, pero todos hemos optado por ser víctimas en alguna ocasión porque así conseguimos la atención y el cariño de la gente. Conseguimos ser el centro de atención. Además adoptar la postura de víctima es tremendamente sencillo. No requiere ningún esfuerzo.

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Pero podemos optar por la otra vía. Podemos decidir luchar. Y ¿en qué nos convierte eso? ¡En héroes! Una persona que lucha por conseguir algo a pesar de tenerlo todo en contra es un héroe con todas las letras (h -é -r -o -e). Quizá solo lo conozcan en su barrio pero eso lo le hace menos héroe.

Si has leído hasta aquí, te pregunto: ¿qué decides ser tu?

 

No quiero más dramas

Aún a riesgo de resultar cansino, retomo en este blog el tema de la música como modulador del estado de ánimo. Y es que hoy he escuchado por primera vez el último tema de Fangoria, y no he podido desengancharme de él. Pienso que hay canciones que en tres minutos resuelven más que muchas sesiones de psicoterapia, y ésta –Dramas y comedias– es una de ellas.

En los tiempos que corren tenemos que protegemos de la sobreexposición a las malas noticias que sin remisión nos ametrallan a diario. Pareciera que los que manejan el cotarro, no sólo quieren arrebatarnos cualquier atisbo de calidad de vida, sino que están decididos a no dejarnos sin las mínimas ganas de sonreír. Además cada vez encuentro más cierta la creencia de que la tristeza es adictiva.

Pues bien: comparto esta canción porque yo «tampoco quiero más dramas en mi vida» y porque mientras no nos quiten las ganas de soñar, de aspirar a más, no nos habrán quitado nada.

Luis ¡va por ti!

 

Dramas y Comedias (Fangoria)

No quiero más dramas en mi vida, solo comedias entretenidas.

Así que no me vengas con historias de celos, llantos y tragedias, no.

 

Y me llamas para lo de siempre, no te molestes, no me interesa ya.

Lo repito por si no lo entiendes, me cansa estar triste y no me compensa más.

He decidido enterrar el dolor y la pena, voy a olvidarme de los problemas.

 

No quiero más dramas en mi vida, solo comedias entretenidas.

Así que no me vengas con historias de celos, llantos y tragedias, no.

 

¿Que más da, si todo es mentira?

¿Que más da, deja que me ría?

¿Que más da, si al final el día…?

¿Que más da? Va a acabar igual.

 

Deja de quejarte sin descanso, es aburrido y ¿de qué sirve?

Piensa que el futuro sigue en blanco, que nada está escrito, que todo es posible.

He conseguido borrar de un plumazo las joyas y manías, ha sido fácil son tonterías.

 

No quiero más dramas en mi vida, solo comedias entretenidas.

Así que no me vengas con historias de celos, llantos y tragedias, no.

 

¿Que más da, si todo es mentira?

¿Que más da, deja que me ría?

¿Que más da, si al final el día…?

¿Que más da? Va a acabar igual.

 

No quiero más dramas en mi vida, solo comedias entretenidas.

Así que no me vengas con historias de celos, llantos y tragedias, no.

 

¿Que más da, si todo es mentira?

¿Que más da, deja que me ría?

¿Que más da, si al final el día…?

¿Que más da? Va a acabar igual.

 

No quiero más dramas en mi vida.

364 días de machismo (o alguno más)

Ayer quería escribir un post sobre lo que significan las mujeres para mi, pero no me salía; había algo que me frenaba. Ya lo he descubierto: me irrita el sólo hecho de que tenga que haber un «día internacional de la mujer» porque evidencia que llevamos toda la historia de la humanidad denigrando, explotando y anulando a las mujeres. La realidad es que hoy empiezan otros 364 días de machismo y discriminación.

La mayoría de mis mejores amigos son mujeres, la mayoría de mis coachees también, casi siempre he trabajado rodeado de mujeres… He presenciado miles de escenas que me han hecho enfurecer.
Cuando acudía a reuniones con mi antigua socia, en muchísimos casos a ella la trataban (hombres y mujeres) como si fuera mi secretaria, a no ser que ese día llevara un generoso escote, por supuesto. Cuando ella trataba con un cliente en solitario todo iba bien hasta que había que firmar un contrato, para lo que normalmente se requería mi presencia. Aprendí que nacer con testículos me ubicaba por encima de la mitad de la población. Es un hecho.

Me viene a la cabeza cuántas veces escuché decir a mi madre que «su hubiera tenido alguna hija tendría quien me ayudara en casa, pero solo con varones…»

Me pongo a pensar en ocasiones sobre los motivos de esta guerra civil que tenemos liada entre sexos y a veces encuentro alguna tenue explicación, pero todas muy relacionadas con el hombre de las cavernas. ¿Y nos creemos evolucionados? Me parece que no. Ahora discriminamos de maneras mucho más sofisticadas, eso sí (algunos, porque otros siguen golpeando y matando a las mujeres), pero seguimos igual que en la cueva.

La civilización no será tal hasta que, no sólo no tratemos a las mujeres con respeto y ecuanimidad, sino hasta que no aprendamos a admirar a las mujeres.

Mamá, tías, abuelas, amigas. Os admiro porque vosotras solas podeis albergar una nuevas vidas, podéis alimentar a vuestros hijos sin más recurso que vuestro cuerpo, nos educáis, nos protegéis, nos enseñáis la vida y trabajáis de sol a sol todos los días del año. Yo, aunque quisiera, solo podría hacer la mitad de estas cosas.

COACHING PARA MUJERES

A base de granos de arena se hacen las playas, así que en cierto modo estoy orgulloso de aportar el mío, acompañando en mi consulta a mujeres en su lucha por lograr lo que es justo, lo que es suyo. Puedo asegurar que su lista de obstáculos es mas larga que la de los hombres. Diría incluso (sin estudio estadístico previo) que las consultas de coaching personal tienen mayor número de mujeres que de hombres. No así las de coaching ejecutivo donde ver a mujeres es excepcional.

Pienso ahora en dos amigas, médicos del deporte trabajando con equipos deportivos importantes. Pienso en el mobbing que sufren y las consecuencias que les acarrea a nivel profesional y personal. Pienso también que no pudo escribir aquí sus nombres porque podría perjudicarlas. Pienso que tengo muchos más ejemplos cercanos de situaciones similares, pero no se si vale la pena extenderme.

No, casi nada ha cambiado desde la caverna.