¿Te cuesta tomar decisiones?

¿Eres de esas personas que se bloquean a la hora de tomar decisiones? ¿Eres de los que está todo el día preguntando a los demás qué deberías hacer? Si es así, tienes que leer (o escuchar) esto.

¿Qué problemas puede generar no tomar decisiones?

No tomar decisiones paraliza nuestra vida, nos deja en stand-by. No tomar decisiones hace que no pasemos al “siguiente capítulo” de nuestra vida. Por ejemplo: pasar mucho tiempo en un trabajo que te hace sentir mal o perpetuar una relación de pareja que te hace infeliz, son algunas de las consecuencias que sufren las personas indecisas.

Me gustaría que pensaras que las consecuencias de una decisión no dependen tanto de la decisión que hayas tomado como de cómo resuelvas estas consecuencias. Es decir, es una cuestión de actitud

Lo siento, es imposible probar todas las opciones y después montarte en la máquina del tiempo para volver atrás en caso de que no te satisfaga el resultado. Mientras esto siga siendo imposible, te va a tocar decidir, a no ser que quieras ver como todo tu entorno avanza en su vida y tu estás temblando de miedo por consecuencias que quizá nunca vivas.

¿Por qué me cuesta tanto tomar decisiones?

El motivo más habitual es que quieras eludir tu responsabilidad. Si dejas que otros decidan por mi, tendrás alguien a quien reprochar las consecuencias negativas. Vamos, lo que se entiende por “tener mucha jeta”.

Quiero recordarte que valiente no es aquel que no siente miedo, sino aquel que sigue adelante a pesar de sentirlo. Y es que para tomar decisiones hay que permitirse equivocarse y mucha gente tiene una verdadera aversión al error. ¡Eres humano y cometes errores! El problema no es cometerlos, el problema es no saber solucionarlos. 

Nos paraliza la incertidumbre. La buena noticia es que en muchas ocasiones podemos hacernos una idea de qué nos espera detrás de una situación. Haz todo lo posible por imaginar los escenarios posibles y prepara un plan para cada una de estas situaciones. A esto le llamamos “ser adulto”.

Quizá lo que te pase sea que sí sabes qué decidir, pero tienes mucho miedo a lo que tu entorno va a pensar… En este caso tendrás que decidir entre tu felicidad y la opinión de los demás. Sólo quiero recordarte que no decidir es, en sí mismo, tomar una decisión: la decisión de seguir en la frustración y la inmovilidad.

Algunas reflexiones para ayudar a los indecisos

1. En la mayoría de las ocasiones es mas importante avanzar que estar seguro. No te obsesiones con la perfección. Es mejor una realidad imperfecta que suponga una evolución que el estancamiento. 

2. En las decisiones, pesa más lo emocional que lo racional. ¿Has hecho alguna vez listas de pros y contras y a pesar de que una opción parece más racional, sigues dudando? Eso es posiblemente porque no quieres tomar esa opción. Reflexiona sobre qué motivos emocionales hay que te provocan rechazo a esa opción tan racionalmente interesante. 

3. Pregúntate qué harías si nadie se enterara. Como he dicho, la opinión de los demás pesa mucho. Trata de eliminar este valor de la ecuación, a ver que sientes. No permitas que te juzguen, pero sobre todo no te juzgues.

4. Diferenciar entre “tengo que” y “quiero”. Un poco más de lo mismo. Si me cuesta mucho reemplazar el “tengo que” de una opción por un “quiero”, quizá no es tu opción.

5. Haz gala del pragmatismo. A veces todas las opciones posibles tienen algo malo. Nuevamente, decídete por la menos mala, pero ¡avanza!

6. Cuidado con los miedos. Si lo que te hace evitar una opción es algún miedo, ponle nombre y trata de trabajar en el. Los miedos nos quitan libertad. Decide en función de lo que te interesa, no en función de lo que temas. 

Por resumir, la felicidad no está en dónde estás sino en como te sientes . Trabaja en tu gestión emocional y tu capacidad ejecutora. Esto es la clave de las personas que evolucionan. 

Por último: asume las consecuencias y evita el victimismo. Si te da miedo exponerme a algo que temes no ejecutar con eficacia, no puedes quejarte de que no has tenido la oportunidad. Es decir, sé adulto. 

¿He sido un poco duro en este artículo? Siéntete libre de comentar.

Revitaliza tu relación de pareja: la ITV del amor

Un año más llegó San Valentín y parece que existe la obligación de estar enamorado. La gente que no tiene pareja puede llegar a sentirse rara, y la que sí la tiene se puede estar preguntando ¿sigo enamorada/o?  Sigue leyendo o escucha el ejercicio que he creado para revitalizar tu relación de pareja. 


El amor pasa por diferentes fases y es frecuente que cuando la fase del enamoramiento pasional acaba nos asalte la duda de si seguimos sintiendo lo mismo. Puede que no, desde luego, pero seguramente sí que sigas sintiendo un gran amor por tu pareja, aunque de forma distinta.

Las fases del amor

Una relación duradera de pareja pasa por tres etapas fundamentales y cada una de ellas tiene sus particularidades.

1. El enamoramiento

Es esa fase de bomba química donde todo es maravilloso, intenso, excitante y emocionante. En esta fase llegamos incluso a sufrir cada minuto que pasamos alejados de la persona amada. Es ta fase es bonita, pero no suele durar más de un año y medio.

2. El amor romántico

En esta fase, la intensidad decae, pero comienzan otras realidades que pueden ser igual de bonitas o más. Se comienzan a negociar los roles dentro de la pareja, se solucionan más racionalmente los conflictos, se establecen los valores y principios propios de la pareja… en definitiva, el amor se consolida y además del amor, aparecen el compromiso y la lealtad.

3. El amor maduro

Una fase menos pasional, pero donde aumenta la identidad compartida. Comenzamos a concebirnos como grupo, como familia. Se proyecta la idea de familia y aumenta la sensación del compromiso. Ya somos familia.

Los enemigos del amor

Entre los factores que más pueden dañar una relación podemos destacar los siguientes:

· Confundir amor con enamoramiento: hay personas que cuando dejan de sentir la intensidad de los comienzos creen que ya no están enamoradas. Son personas “adictas al flechazo”.

· La falta de sexo: cuando hay confianza e inundados de rutina, podemos dejar de darle importancia al sexo. Quiero recordar que las relaciones sexuales en pareja hacen que sintamos esa unión especial que diferencia al amor de la amistad (la oxitocina se encarga de esto).

· Evoluciones personales divergentes: somos individuos en continua evolución y en ocasiones dejamos de compartir valores o intereses con nuestra pareja.

· Descuido del compromiso: dar por sentado que nuestra pareja siempre estará ahí y ya no tenemos que hacer nada para que siga estándo.

· Falta de comunicación: el mal eterno de las relaciones interpersonales. Los problemas y conflictos no se solucionan solos y la comunicación honesta se hace imprescindible para mantener una relación sana. 

La ITV del amor: la ITA

Para tratar de revitalizar nuestra relación de amor, propongo el siguiente ejercicio. Se trata de aprovechar una fecha al año para revisar nuestra relación (en San Valentín, en el aniversario, en Sant Jordi…).

Lo ideal sería tener una cita con tu pareja, a ser posible fuera de casa, en un restaurante bonito y en cualquier lugar agradable alejado de vuestros escenarios habituales.

Antes de la cita cada uno se habrá preparado la respuesta a las siguientes preguntas y durante la misma, tendrán que expresar por turnos sus respuestas.

1. ¿Qué pensaste y sentiste el día que te enamoraste de mi?
No importa que ya os lo hayáis contado, nunca está demás recordarlo.

2. ¿Qué te gustaría que cambiara en muestra relación?
No se trata de reprochar nada. Siempre con cariño y respeto manifestar si hay algo que queremos cambiar. Es importante que cuando nuestra pareja nos pida un cambio evitemos la justificación. Simplemente ESCUCHAMOS.

3. Hazme una petición concreta.
Se trata de un regalo no material: una cena romántica un día, que te quedes en casa cuidando al bebé mientras salgo con mis amigas, que me ayudes a ordenar el armario… Lo que sea que suponga un acto de generosidad. A veces hay que pedir lo que queremos. 

4. En qué proyecto común vamos a involucrarnos este año.
Puede ser desde cambiar de casa, decorar la actual, unas vacaciones especiales, aprender a bailar… cualquier cosa que suponga una ilusión conjunta e implique tiempo y dedicación.

5. Pedir perdón por una cosa.
De manera voluntaria, piensa en una cosa por la que crees que has de disculparte con tu pareja. Nuevamente, no se trata de iniciar una discusión. Te disculpas, el otro acepta las disculpas y seguimos.

6. ¿Cómo has cambiado como persona desde que estamos juntos?
Expresa lo mejor que vuestra relación ha hecho aflorar en ti. Cómo has crecido con esta persona.

7. Proponer una innovación sexual.
Muchas veces da pudor hablar de esto, pero ¡es el momento! No tengas miedo a proponer algo nuevo. 

8. ¿Qué tres cosas admiras de mi?
Piensa en qué tres cosas (por lo menos) que te hacen sentir admiración por tu pareja y expresalas, a poder ser mirándoos a los ojos y cogidos de la mano.

Te aseguro que si este ejercicio no os vuelve a poner en “modo tortolito” nada lo hará. Si lo probáis, me encantará saber cómo os ha ido. ¿Me lo contarás?

Cómo acabar con el insomnio

Llevamos una vida muy exigente con mil responsabilidades y preocupaciones. Nuestro cerebro está además sobre-estimulado y sobre informado. Como consecuencia son pocas las personas que consiguen tener un sueño reparador. ¿Qué podemos hacer para conseguir dormir como nos gustaría?

 

 

Dormir es una de las necesidades primarias del ser humano. La falta de sueño nos afecta más de lo que creemos a nivel físico y psicológico. La falta de sueño perjudica de manera muy evidente la apariencia de nuestra piel (¡sí, pareces mayor de lo que eres porque no duermes bien!). El insomnio nos provoca, además, falta de memoria, de concentración, un bajo estado de ánimo…

Cómo funcionan los ciclos del sueño

Para aprender el arte del “buen dormir” se hace necesario entender cómo funciona nuestro cerebro durante el sueño. Mientras dormimos repetimos varias veces los mismos ciclos. Cada ciclo dura entre 90 y 120 minutos y se compone de 5 fases. Hagamos un somero repaso a cuales son:

1. Adormecimiento. Es el momento en que empezamos a ceder al cansancio del día
2. Sueño ligero. También se conoce como vigilia y en esta fase a respiración y el ritmo cardiaco se relentizan.
3. Fase de transición al sueño profundo. Puede durar solo unos minutos y es la fase que nos lleva al sueño profundo y reparador.
4. Sueño profundo. Es la parte más reparadora del sueño y en la que es más difícil despertarnos.
5. REM o fase de movimiento rápido de ojos. Es la fase en la que tenemos mayor actividad cerebral y en la que aparecen los sueños.

Tomemos como ejemplo a una persona que tarde en pasar por estas 5 fases unos 120 minutos. Este individuo habrá realizado 4 ciclos completos de sueño en 8 horas Mientras que otra persona que complete el ciclo del sueño en 80 minutos, durante las mismas horas habrá completado 6 ciclos.

Pero lo más importante no es la cantidad de ciclos que eres capaz de completar, sino el hacer coincidir tu despertar con el final de uno de ellos.  Es decir, que cuando despiertas con esa sensación de agotamiento y aturdimiento tan clásica, seguramente es porque tu despertador te ha sacado de la fase profunda del sueño. En cambio si te despiertas al final de la fase REM sentirás que tu sueño ha sido reparador. 

Quizá algunos hayáis notado extrañados que os despertáis mejor habiendo dormido 7 horas que 8. Esto significa que con 7 horas has completado 4 o 5 ciclos completos, y que despertarte a la octava significa interrumpir alguno de los ciclos por la mitad. Como cada persona es diferente en esto se hace fundamental conocer cual es la cantidad de horas que a ti te va mejor dormir. ¿Cómo? Ua de las maneras puede ser anotar a que hora te vas a dormir durante el fin de semana y (sin despertador alguno) ver a qué hora te levantas. Al final se trata de un ejercicio de observación del propio comportamiento.

En la actualidad hay muchas aplicacones móviles que pueden ayudarte a conocer también cuánto duran tus ciclos de sueño.

Cómo relajar nuestro cuerpo para dormir mejor

Veamos primero cómo podemos dormir mejor ciñéndonos a lo puramente físico.

1. Activar la melatonita

La melatonina es la hormona del sueño, la que nos adormece. Se activa cuando la luz es baja o nula. Por lo tanto mantener la casa con luces bajas después de la cena es lo más recomendable. La melatonina se puede activar también con algún fármaco natural, si fuera necesario. 

2. Ir a la cama a dormir y sólo a dormir 

Si estás mucho tiempo tumbado en la cama despierto, el cuerpo se habrá relajado y no aprovecharás el “golpe de sueño”. Una vez que tus músculos han descansado es  más difícil coger sueño, por eso ten cuidado con leer demasiado en la cama. 

3. Hacer respiraciones profundas mientras relajas los músculos

Con los ojos cerrados inspira e inspira profuna y lentamente mientras repasas mentalmente tu cuerpo con el fin de “ordenar” a tus músculos se relajen. En muchas ocasiones estamos tumbados pero en tensión. Hay que eliminar esa tensión.

4. Se estricto con las horas

Uno duerme mejor cuando se acuesta y se levanta siempre a la misma hora.

5. Dale importancia al colchón y a las sábanas

No es ninguna frivolidad la comodidad del colchón en que duermes, así como la de la ropa de cama. La falta de sueño afecta a todos los ámbitos de tu vida, así que quizá no es buena idea ahorrar en tu mobiliario de descanso.

6. Cena ligero

Acostarse con una digestión pesada tampoco es buena idea. Al ponerte en horizontal te pueden asaltar acidez y otras molestias que pueden desvelarte.

7. Desatasca fosas nasales

La postura y la respiración son importantísimas para dormir bien. Trata de acostarte con las fosas nasales despejadas (suénate bien los mocos). Si tienes algún problema en este sentido, puedes probar con algún producto para ablandar y ayudar a expulsar la mucosidad. También hay personas que necesitan usar dilatadores nasales para ampliar el flujo de aire que entra por su nariz. Pregunta en la farmacia.

8. No tomar estimulantes después del medio día

Café, te, refrescos de cola… Mejor antes de las 4 de la tarde.

9. Ducha relajarte

Puede ser muy relajarte una buena ducha de agua caliente antes de acostarte.

Cómo relajar nuestra mente para dormir mejor

 

1. Fuera móvil y pantallas

Las pantallas de nuestros teléfonos y tabletas proyectan luz directa hacia nuestras retinas. Mala cosa para la melanina. Además la sobre-estimulación y el bombardeo de contenidos no es lo más recomendable para relajar nuestra mente. La lectura en cambio, nos centra en un único tema y puede ser muy evocador.

2. No mirar la hora durante la noche para no ponerse nervioso

Si te despiertas en cualquier momento de la noche, ¡no mires la hora! Si te pones a calcular mentalmente cuántas horas te quedan de sueño, el estrés puede sacarte completamente de él.

3. Música relajarte o de la naturaleza

Si eres de los que necesitan escuchar algo para dormir, mi recomendación es que sea música muy relajan o mejor, ruidos de la naturaleza (lluvia, pajaritos, grillos…). Puedes encontrar muchos de estos sonidos por internet.

4. Ver cosas relajantes o divertidas antes de dormir

¿No te sucede que muchas veces sueñas con algo relacionado con lo último que has visto o hablado? Ten cuidado con ver series violentas o dramáticas justo antes de dormir. Yo me reservaría un capítulo de alguna set-com o algún contenido alegre para el último tramo de la velada.

5. No te acuestes nada más apagar la tele

A pesar de lo dicho en el punto anterior, no es lo más recomendable acostarse nada más apagar la tele.  Charla con tu pareja, lee un poco, o simplemente tómate una infusión sin mirar ninguna pantalla. Dale tiempo a tu cerebro a entrar en fase de adormecimiento.

6. No tomes decisiones importantes de noche

No, nunca, ¡bajo ningún concepto! te acuestes pensando o charlando sobre temas que te preocupan. Las mejores decisiones se toman cuando no tenemos ni sueño ni hambre. Los temas dramáticos, sin luz, lo son aún más. Déjalo para mañana.

7. Dedica 10 minutos a organizar tu agenda de mañana

Si tienes estrés anticipatorio, es decir, que te agobias por todo lo que tienes que hacer mañana, es fácil. Dedica 10 minutos después de cenar a organizar tu agenda y tareas de mañana. Se trata de que te acuestes con esa sensación de !está todo controlado!

8. Visualizar futuros felices

Una vez acostado trata de hacer visualizaciones de aquellas vivencias bonitas que quieres tener en el futuro. Es importante, como vengo diciendo, el estado de ánimo con el que entras en el sueño.

9. Si no consigues dormirte, levántate

Si por algún motivo te has desvelado, rompe con el clásico de dar vueltas interminablemente en la cama. Será mucho más efectivo que te levantes, hagas alguna actividad relajada durante unos minutos y vuelvas a la cama de nuevo.

Si además de leerme te apetece escucharme hablando de todo esto, dale al play en el reproductor de este mismo artículo. Ya me contarás qué tal te ha ido aplicando estos nuevos hábitos.

Cómo superar la pérdida de un ser querido

Todo hemos pasado o vamos a pasar por ello en algún momento de nuestra vida. Sabemos que la muerte es inevitable pero en occidente sigue siendo un tabú. En otras culturas, sin embargo, tienen una visión más honesta con la muerte. No la obvian, no la ocultan. Están más familiarizados. En México, por ejemplo, el día de los difuntos es toda una fiesta; para los budistas la muerte significa un nuevo comienzo; los tibetanos usan la muerte como recurso para valorar el aquí y el ahora… 

Darle la espalda a este asunto hace que, cuando llega el momento, no sepamos afrontarlo.

Escucha este audio o lee mi artículo (o haz ambas cosas). Está echo con la mejor de las intenciones para acompañarte, si estás pasando por este momento delicado.

Claves para superar un duelo

Un duelo es un proceso de adaptación, un momento para re-equilibrar nuestra vida, y como cualquier proceso de adaptación no es rápido. Esto no significa que sea imposible de superar. El problema suele ser que nos aferramos al dolor porque es una manera de honrar la memoria del ser que ha partido. Asociamos que sufrir y llorar mucho implica que amábamos mucho a esa persona. Nos puede llegar a parecer una falta de respeto seguir con nuestra vida “como si nada”.

Quiero decir con esto que, sí necesitamos nuestro tiempo, pero no beneficia a nadie prolongarlo demasiado. Si la sintomatología del duelo se prolonga demasiado, es recomendable acudir a un especialista.

Cuáles son las fases de un duelo

Mucho se ha estudiado sobre las fases por las que pasa una persona en duelo y está bastante establecido que suelen ser estas:

1. El shock o la negación: es esa fase en la que la noticia tiene tal dimensión que no somos capaces a asimilarla, ¡no nos entra en la cabeza! Podemos llegar incluso a fingir que todo sigue igual e ignorar el hecho funesto. 

2. El enfado: en esta fase sentimos ira e intentamos darle una explicación lógica a la muerte del ser querido. Mas que tristes, estamos enfadados y frustrados, porque por más vueltas que le demos, no hay explicación que justifique la muerte de un ser querido, especialmente si es joven.

3. La depresión: esa tristeza profunda que nos invade por el hecho de no encontrarle sentido a las circunstancias. Apatía, dejadez, pérdida del propósito de vida…

6. La aceptación: esta es la fase en la que se asume lo que ha pasado. Es triste pero comenzamos a aceptar que es algo que nos va a suceder a todos y que, aunque estemos tristes, es algo real.

5. La reordenación: es la fase en la que comenzamos a adaptar nuestra rutina y costumbres a la nueva situación. Es muy normal que nuestra escala de valores cambie en esta fase, y por tanto, adoptemos nuevos modos de comportarnos. En los mejores casos aprendemos a relativizar nuestros problemas cotidianos y nos liberamos en gran medida de nuestras preocupaciones más frívolas.

Qué nos pasa cuando estamos de duelo

Muchas emociones nos asaltan en esta época, es como una bomba emocional: tristeza, bloqueo, ansiedad, rabia… No es poco frecuente que entre otros sentimientos aparezcan el de culpa o autoreproche. Hay que tener cuidado con estas ideas porque pueden llegar a hacernos mucho daño.

En otras ocasiones, si nuestro ser querido ha pasado por un largo período de enfermedad y sufrimiento podemos llegar a sentir alivio, y eso a veces también nos hace sentir culpables. Es perfectamente normal sentir cierto descanso cuando una persona que amábamos ha dejado de sufrir.

Entre las manifestaciones más físicas en un proceso de duelo podemos encontrar: opresión en el pecho, hipersensibilidad al ruido, vértigos, nauseas, temblores, irregularidades del ritmo cardíaco, falta de energía, sequedad en la boca… El cuerpo está somatizando todo lo que sentimos. Es también perfectamente normal, aunque insisto en que si lo síntomas se prolongan mucho en el tiempo lo mejor es visitar a un terapeuta. 

Consejos para superar un duelo

Desafortunada mente he pasado por más de un duelo importante en mi vida y estos son los consejos que me atrevo a sugerir.

1. Tómate tu tiempo y no reprimas tus emociones

No quieras pasar por ello demasiado rápido. Experimenta todas las emociones que te toca experimentar sin reprimirlas. Es bueno sacarlo todo para poder avanzar. Si tienes ganas de llorar, llora. Si estás enfadado, desahogate.

2. Habla de ello y busca apoyo

Es importantísimo hablar de todo lo que nos atormenta. No te avergüences de hablar de ello y encuentra a las personas que te pueden ayudar y dar un punto de vista sobre la situación. Si es necesario, acude a algún grupo de duelo para compartir tu experiencia.

3. No te abandones

Es fácil caer en la apatía y dejar de cuidarnos. Ten cuidado con abandonarte demasiado. Una cosa es que quizá ahora seas menos frívolo y otra cosa es caer en la dejadez absoluta. Trata de arreglarte y de mantener hábitos saludables. Si el espejo te devuelve una imagen agradable, te sentirás mejor.

4. Crea tus rituales

Desde escribir cartas al difunto, hasta encender velas. Haz todo aquello que te sirva para sentirte más cerca y mejor de la persona que se ha ido. Habla con esa persona, cocina su plato favorito… cualquier cosa que pueda hacerte sentir mejor. 

5. Revisa tu escala de valores y saca una lección

Aprende algo de esta situación. Usa esta experiencia para ser más feliz. La felicidad es una mejor manera de honrar a nuestros difuntos que la depresión. Recuerda sus anécdotas, sus enseñanzas, los buenos momentos. Mantén viva a esa persona a base de recordar e imitar lo mejor de ella. 

A pesar de todos sus inconvenientes, la vida es hermosa y estar aquí es una oportunidad cada día.

 

 

Cómo acabar con los celos

¿Cómo sería nuestra historia sentimental si nunca hubiéramos sentido celos? Los celos “infectan” el amor y en muchas ocasiones lo destruyen desde dentro. 

Hace poco hemos tratado este tema en mi sección de radio El Método en Onda Cero. Puedes escuchar el programa o leer el artículo. O mejor ¡hacer las dos cosas!

¿Por qué sentimos celos?

Todas las emociones tienen una función adaptativa, es decir, que tienen la función biológica de preservar la vida, mantener y perpetuar la especie. El miedo, por ejemplo, tiene la función de mantenernos alejados del peligro. Desde la perspectiva de la Psicología Evolutiva los celos tienen la función de mantener relaciones monógamas y fieles. No es que la biología tenga implícita una ética o moral, sino que tenemos el instinto natural de asegurarnos de que mantenemos firme el núcleo familiar para sacar a delante a nuestros hijos. Suena poco romántico, lo sé, pero es que por muy sofisticados que nos creamos, no podemos huir de nuestros instintos animales. La buena noticia es que ya no somos solo monos grandes, sino que nuestra evolución ha hecho que incorporemos cultura, valores y principios a nuestros instintos. 

Podemos definir los celos como el temor a que nuestra pareja nos sea arrebatada por una tercera persona. Son, por decirlo así, lo opuesto de la confianza. Normalmente aparecen con más fuerza al comienzo o al final de una relación sentimental. Al comienzo porque es cuando sentimos el bombazo del enamoramiento y la idea de no consolidar la relación nos aterroriza. Al final, porque en muchas ocasiones, cuando las cosas no van bien en la pareja solemos a atribuirlo a la aparición de terceras personas.

Soy de la opinión de que la infidelidad es, más que el problema, el síntoma de que algo va mal en una relación. Si un miembro de la pareja empieza a sentir algo por otra persona, es muy posible que algo haya empezado a fallar tiempo atrás. 

Sentir celos nos puede encaminar a ejercer control y vigilancia, incluso violencia. Si no los racionalizamos, los celos pueden sacar lo peor de nosotros mismos. 

Celos justificados

Quizá nunca has sentido celos de tu pareja, pero si esta te traiciona se abre la caja de los truenos. Ciertamente, en este caso, hay pruebas certeras de que tu pareja puede comenzar sentir amor por otra persona. Son celos justificados basados en hechos. La confianza es poco flexible, puede ser muy sólida, pero si se rompe, es muy complicado  recomponerla.

Nos sentimos traicionados. Se ha roto el pacto. En estos casos la responsabilidad recae en la persona que traiciona los “estatutos de la pareja”. No es que esté buscando culpables, sin embargo qué miembro de la pareja es el que origina los celos es importante. Me explicaré: cuando nuestra pareja nos ha traicionado podemos caer en culparnos a nosotros mismos con argumentos “está buscando fuera lo que yo no le doy”, “no soy suficiente para el/ella”… Estos pensamientos socavan nuestra autoestima, nos hacen sentir inferiores. No es justo que seamos duros con nosotros mismos en estas situaciones. 

Celos irracionales

En este segundo caso, los que se basan en el mal pensar y en imaginar y el origen está en la persona que siente los celos aunque no haya habido ningún hecho que los justifique. Es por esto que los llamamos irracionales, porque no están justificados. Por decirlo así, el origen está en la persona celosa y es esta quien con su comportamiento está dañando la relación. No sienta bien a nadie que continuamente se le den muestras de desconfianza. 

En estos casos sí podemos decir que el origen de los celos está en la falta de autoestima de quien los siente. Si piensas que puedes ser reemplazado/a fácilmente es porque no tienes un buen concepto de ti mismo/a. La solución pasa por trabajar en mejorar la propia autoestima.

Estas situaciones pueden provocar a demás las clásicas profecías autocumplidas, que son las situaciones en las que tememos tanto que algo suceda, que lo acabamos provocando de manera inconsciente. Lo explicaré con más detalle a continuación.

Qué es una profecía autocumplida

Un ejemplo clásico de profecía autocumplida por los celos es cuando un miembro de la pareja, celoso de base, se muestra muy susceptible o incluso enfadado ante cualquier supuesta amenaza. El otro miembro, conocedor de esta susceptibilidad, puede llegar a ocultar eventos, que a priori no implican traición alguna, con el fin de no molestar a su pareja. 

Imaginemos que tu eres una persona celosa y en el trabajo de tu pareja se ha incorporado un compañero/a de trabajo nuevo con un gran atractivo y simpatía. Quizá tu pareja decida omitir este hecho, conocedor de tu susceptibilidad. No quiere que sufras. Imaginemos ahora que en un evento social del trabajo tu conoces a esta persona tan atractiva de la que nunca has oido hablar. ¡Boom! Se disparan tus celos y le recriminas que no te haya comentado nada al respecto. Tu mente se dispara y comienzas imaginar que si no te lo ha contado es porque está ocultando algo. La confianza empieza a resquebrajarse. Lo que ha sucedido es que tu susceptibilidad ha hecho que tu pareja actúe de manera poco clara, simplemente por evitarte un sufrimiento. Al final, con tu comportamiento, has provocado el comportamiento poco fiable de tu pareja. Por eso hablamos de profecía autocumplida. 

Es importante que, si tenemos una pareja muy celosa, no caigamos en el error de comenzar a ocultar cosas que no tienen ninguna relevancia. Es la persona celosa la que, insisto, ha de trabajar la manera en que gestiona sus emociones. Si comenzamos a actuar de “manera extraña” no estamos ayudando. 

Hombres y mujeres sentimos los delos de manera diferente

La psicología masculina y femenina tienen su diferencias. En el caso particular de los celos, los hombres solemos temer más la infidelidad sexual. Esto obedece a la parte más evolutiva, más instintiva, de nuestra mente. Los machos de nuestra especie, por decirlo así, queremos asegurarnos de que estamos criando a nuestra propia descendencia, y no a la de un posible tercero. Además nuestra respuesta suele ser la ira o, en los casos más dramáticos, la violencia. Muchos casos de violencia en pareja están desencadenados por unos celos irracionales. Por esto es tan importante la educación emocional. 

Las mujeres tienden a llevar peor la infidelidad sentimental. Quizá puedan no darle demasiada importancia a un encuentro sexual puntual, pero si hay muestras de algo más emocional, se desatan los celos. La respuesta de la psicología femenina suele ser tristeza o depresión. 

Claro está que estoy generalizando y hablando de datos estadísticos. Que nadie se me enfade. 

Qué podemos hace para prevenir o evitar los celos

Os propongo 10 reflexiones para desterrar los celos de vuestra relación para siempre. 

1. Es una cuestión de valores y principios

Es muy importante poner encima de la mesa cuales son nuestros valores y principios al comienzo de una relación, o en algún momento de crisis. No demos nada por sentado. Quizá un miembro de la pareja interpreta que una infidelidad sexual no supondrá un gran problema. Evitemos sorpresas y hablemos clara mente de las bases sobre las que queremos que se asiente nuestra relación. Las cosas claras y el chocolate…

2. Dar por sentado la confianza y no la desconfianza

Quizá porque nos han hecho daño en una relación anterior, podemos caer en la máxima de “todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario”. Creo que es mucho más sano dar por sentado que nuestra pareja es una persona digna de confianza. Primero por salud mental, pero también porque instintivamente tendemos a cubrir las expectativas de los demás. De esta manera si una persona muestra plena confianza hacia otra, esta última tenderá instintivamente a no traicionar esa confianza. 

3. Tu pareja no es tu propiedad

El amor de tu pareja no es un derecho adquirido. Nadie tiene la obligación de amarte. Tu pareja es un ser independiente que puede escoger su camino en cualquier momento. Dar por sentado el amor puede haceros fracasar. 

Las “matemáticas del amor” son de lo más sencillo. Normalmente se trata de dar justo aquello que quieres recibir. Quiero recibir respeto, doy respeto; quiero recibir confianza, doy confianza; quiero recibir amor, doy amor. No funciona bien cuando quiero recibir amor y confianza a cambio de celos, control o reproches.

4. Trabajar la propia autoestima

Las personas con sanos niveles de autoestima entienden perfectamente que se les pueda querer. Una persona que se valora a si misma pensará que no es alguien fácil de reemplazar.

Que alguien esté enamorado de ti, o no, no te convierte en una persona más o menos valiosa. Está claro que pueden dejar de quererte, pero si gozas de autoestima, no te culparás a tí mismo/a. Nuestra autoestima es débil cuando solo depende de la valoración externa 

5. Trabajar en solidificar los lazos que te unen a tupareja

El amor no es sólo algo que sucede, es también algo que se crea. Es nuestra responsabilidad mantenerlo y hacerlo crecer. Crear con frecuencia momentos de impacto alto emocional hace más sólidos los lazos que unen a las personas. Cenas románticas, viajes, aficiones compartidas, diversión, sexo… Cuantos más recuerdos memorables creéis juntos mas se alimenta el “enganche”. 

6. Aprender a comunicar emociones

Es importantísimo que tu pareja tenga claro lo que sientes. Expresar el afecto es algo que refuerza enormemente las relaciones. Hay una cita de Gabriel García Márquez que dice: “Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, diría ‘te quiero’ y no asumiría tontamente que lo sabes”. 

No sirve un “el/ella sabe lo que siento” ¡díselo!

7. Que la aparición de hijos no deje en segundo plano la relación de pareja

Sentir un amor tan grande e incondicional como el que se siente por los hijos puede hacer que el amor de pareja parezca un amor de segunda categoría. No responsabilicemos a nuestros hijos de ser el “cemento” que une a nuestra pareja. No permitamos que ser padres nos haga olvidar que también somos pareja.

8. Desterrar tópicos absurdos

“Si no siente celos no me quiere” es uno de los grandes y más absurdos clichés que se dicen sobre el amor. Que los celos suelan ir en el carro del amor, no significa que los celos sean el amor. Hay personas que se molestan por la ausencia de celos de sus parejas. ¡Qué tontería! Si tu pareja no es celosa seguramente sea porque confía en ti y porque se valora a sí misma.

9. No provocar los celos 

Muy ligado con el punto anterior. Flirtear con otras personas para provocar los celos es una idea pésima. Solo conseguirás encender la llama de la desconfianza y minar la autoestima de tu pareja. ¿Es esto lo que quieres? No hagas que te quieran por miedo a perderte, haz que te quieran porque eres la mejor compañía.

10. Las personas confiadas por naturaleza son menos infieles

Esta es una teoría basada en mi experiencia personal y corroborada con clientes de Coaching. Tenemos una tendencia natural a pensar que todo el mundo siente como nosotros. Por eso nos sorprende tanto cuando alguien hace algo que nosotros nunca haríamos. Personalmente desconfío de las personas celosas. Pienso que quizá lo sean porque a ellas se les pasa por la cabeza alguna vez ser infieles y creen que a su pareja les sucede lo mismo. 

Si tuviera que hacer una recomendación que englobara a todas estas, sería: hablar, hablar y hablar. Crear el clima de confianza donde poder pueda expresar si algo está pasando en la relación, para tomar medidas antes de hacernos daño.

Mi jefe es más joven que yo

Muchas personas se sienten molestas por el hecho de tener un jefe más joven y parece que este malestar es proporcional al numero de años de diferencia. ¿Por qué nos sentimos así? ¿Cómo nos hace sentir tener un jefe milenial

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Los que ya peinamos canas tendemos a sentirnos más sabios y maduros que las generaciones posteriores. Del mismo modo los jóvenes tienden a sentirse más “poderosos” por el hecho de estar en la vanguardia de las tecnologías. El eterno choque generacional. Me da la sensación de que unos y otros nos equivocamos.

Esta situación, cada vez más habitual en el entorno laboral, no es más que la traslación de lo que suele pasar en muchas familias. No importa los años que tengamos, nuestros padres nos ven como niños. En una estructura jerárquica como la familiar, suele ser difícil que un mayor admita que se equivoca o que tiene algo que aprender de un joven.

Orgullo y prejuicio

El titulo de la célebre novela de Jane Austin puede darnos la explicación. Sentirse joven o mayor muchas veces depende de la comparación. Es un clásico el shock que nos supone la primera vez que un niño nos llama “señor/a”. ¡Dios mío, ese niño nos convierte en ancianos! y parece que cumplir años es algo negativo. ¿No sobrevaloramos la juventud? 

Lo que sucede cuando tenemos un jefe más joven es que puede hacernos sentir incompetentes, desfasados, fracasados…, y es un error. Si lo piensas, en una estructura empresarial, la edad por sí misma no debería ser un valor. El mérito, la visión, el conocimiento, la experiencia concreta en determinadas funciones… esto es lo que tiene sentido que se valore.

Aceptación

Deberíamos aceptar que la vida es continua evolución y las compañías que no evolucionan pueden desaparecer. Que el cambio social y la tecnología hace mutar a las empresas no es algo nuevo, lo que sucede es que la velocidad a la que lo hacen es cada vez mayor.

Deberíamos aceptar que los méritos sean el principal motivo de promoción, no la edad, no la antigüedad.

Deberíamos aceptar que somos una población que envejece y que, por suerte, tenemos la generación de jóvenes más preparados de la historia (los que lo están, claro está).

Deberíamos aceptar que, independientemente de nuestra edad, la evolución debería ser un continuo. Es nuestra responsabilidad decidir, o no, apearnos de lo novedoso. Siempre digo que lo unico que hace que un trabajador sea mayor es la desactualización.

Rompiendo prejuicios

La vida se vuelve más rica cuando aprendemos que de todas las personas podemos aprender algo. Jóvenes, ancianos, niños, universitarios, gente sin estudios…, cualquier persona puede darnos grandes lecciones si nos alejamos de los prejuicios.

No es necesariamente cierto que los tiempos pasados fueron mejores. Y aunque así fuera, vivimos en el hoy, y eso no se puede cambiar. Los mayores de hoy fuimos los vanguardistas de ayer.

Tener un jefe más joven no significa que tu no seas un gran profesional. Esta conclusión nace de la inseguridad y del orgullo.

Estamos en el mismo barco

¿Y si en lugar de amotinarnos contra el jefe milenial nos decidimos a hacer equipo? ¿Y si el jefe joven facilita la actualización del mayor a ritmo que este necesite? ¿Y si el mayor traslada su experiencia y conocimiento al joven con espíritu de equipo?

Muchísimos de mis clientes de Coaching pasan por momentos personales realmente duros derivados de un mal ambiente laboral. ¿Qué sentido tiene actuar en contra de tu propio equipo?

Valoremos a nuestros jefes y a nuestros subordinados por su valía y no por asuntos tan banales como nuestra fecha de nacimiento. ¿No te parece?

Consejos prácticos para buscadores de empleo




Hacía tiempo que no compartía en mi blog mis audios de El Método, mi sección semanal en Onda Cero, así que en esta ocasión quiero recopilar cuatro capítulos relacionados con la búsqueda de empleo. Lo mejor es que si tienes un ratito los escuches, pero por si te gusta más leer, a continuación recopilo los consejos más destacados.

Consejos para entrevistas de trabajo

  1. No hay respuestas correctas o incorrectas. Importa mucho más tu actitud al responder que el contenido de la respuesta: si eres honesto, si estructuras bien tu mensaje, si sabes de lo que hablas…
  2. No sufras si estás nervioso. Ellos ya saben que es mu posible que lo estés, y a no ser que tu estado de nervios te impida responder, no va a ser un factor en contra mostrar algo de nerviosismo.
  3. La famosa pregunta de las “tres cosas malas sobre ti”. No tengas miedo a hablar de aspectos en los que “deberías mejorar”. Como te he dicho se valorará más si tienes capacidad autocrítica, si eres humilde…
  4. ¿Cómo hablar de los errores cometidos? Fácil, recuerda que cada vez que tengas que mencionar un error laboral del pasado es muy recomendable que en el mismo discurso hables de qué hiciste para solucionarlo y qué aprendiste de esa experiencia. De esta manera siempre acabarás hablando de aspectos positivos.
  5. ¿Debo hablar de salario? ¡Pues claro! No tiene sentido tener pudro a hablar de dinero en una relación profesional, dado que por definición tu ofreces tu trabajo a cambio de dinero. Cuando vas a comprar algo a una tienda preguntador el precio, ¿Verdad? Pues eso.
  6. Planifica bien tu entrevista: estudia tu CV para que no parezca que te lo has inventado, investiga sobre la empresa que te entrevista y muestra lo que sabes sobre ella, repasa tu lista de cualidades y competencias para poder hablar de ellas con naturalidad…

Cómo ser feliz en tu trabajo

  1. ¿Te pasas la semana deseando que llegue el viernes? Esta actitud tan extendida sólo provoca frustración. ¿No sería mejor tratar de disfrutar cada día?
  2. Trabajar con un alto nivel de estrés es muchas veces más una conducta aprendida que un método eficaz de desarrollar el trabajo. Haz una cosa detrás de la otra sin prisa, pero sin pausa. Esta es la verdadera manera de ser productivo. No, no eres multitarea, nadie lo es.
  3. No te dejes intoxicar por ese compañero que se queja continuamente. El estado de ánimo es más contagioso que la gripe y con frecuencia nos dejamos llevar por ese compañero cenizo, cuando quizá nosotros hemos comentado el día tan contentos… Piénsalo.
  4. Mantén una hoja de ruta profesional. Ten claro a dónde quieres llegar y qué acciones has de emprender para lograrlo. ¡No te estanques! Mantente actualizado de las novedades en tu sector y de las nuevas herramientas y recursos que aparecen.
  5. Haz amigos en el trabajo. ¿Por qué no? Siempre se trabaja mejor en un ambiente de confianza.

¿Te gustaría cambiar de sector profesional o incluso de profesión?

  1. Deja de pensar que querer cambiar de profesión es de personas “perdidas” e inconstantes. Es natural que en nuestra evolución personal y profesional surjan nuevos intereses. Nadie con dos dedos de frente va a juzgarte por esto.
  2. Si ya te has decidido a cambiar, ahora toca ponerse al día. Hazte conocedor de la profesión que te gustaría ejercer, conoce qué estudios se requieren, interactuar en redes sociales, contacta con personas que ya lo hayan hecho… Información es poder.
  3. ¿Y cómo justifico que quiero cambiar? La carta de motivación es la mejor manera de expresar a un reclutador cuales son tus intenciones profesionales. Habla de lo que te hace valorar esa nueva profesión, de qué cualidades y experiencias tienes que pueden servir para esta nueva etapa, habla de lo que te apasiona. La actitud es una cualidad de las más valoradas en procesos de selección.

Ojalá esta breve recopilación de consejos te sirva para recargar las pilas y energizarte para provocar en tu vida profesional ese cambio que deseas. ¿Quieres más? Dale al play.

Si quieres escuchar más audios de El Método visita mi página de audios.

 

El Método 15: ¿Qué es la Inteligencia Imocional?

Hoy en “El Método” de Onda cero hemos tratado el fascinante tema de la Inteligencia Emocional. Seguro que has escuchado el término muchas. Si no tienes claro en qué consiste, estás en el lugar indicado. ¡Dale al play! o sigue leyendo.

Podemos definir la Inteligencia Emocional como la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. ¡Nada menos!

El concepto de IE (Inteligencia Emocional) nace de la evidencia de que el famoso Cociente  Intelectual (el test de inteligencia de toda la vida, CI o IQ) no servía para predecir el éxito. Dicho en otras palabras: resulta que la gente más “inteligente” no es necesariamente la que más éxito tiene en la vida.

Décadas de estudio han desvelado cual es el secreto de algunas personas para tener una vida plena y feliz y esto es a lo que denominamos Inteligencia Emocional. ¿En qué consiste?

Los 5 pilares de la Inteligencia Emocional

La IE se sustenta en cinco habilidades fundamentales. A saber: autoconocimiento, autocontrol, automotivación, empatía y habilidad social. Vayamos por partes…

El autoconocimiento no sólo es la capacidad de reconoce nuestros propios estados de ánimo, sino también conocer nuestras competencias, nuestros recursos y nuestros deseos. Siempre digo a mis clientes que, en un proceso de Coaching siempre nos centramos en la consecución de objetivos, pero que lo más interesante que se llevarán será un profundo autoconocimiento.

El autocontrol es la capacidad de modular nuestras emociones, de adaptarnos al entorno. Saber qué quiero sentir, y conseguirlo.

La automotivación es la capacidad de orientar nuestra energía vital a la consecución de nuestras metas. Para ello necesitamos plantearnos retos que nos satisfagan, comprometernos con nosotros mismos, tomar la iniciativa y caminar con optimismo.

La empatía es la capacidad de “sincronizar nuestras emociones con las de otros”, tal y como expresó recientemente una de mis clientas. Esta capacidad es determinante a la hora de comprender a los demás, para poder ofrecer y recibir ayuda…

Las habilidades sociales son, en mi opinión, la piedra angular de la IE. Tener la capacidad de influir, de comunicar, de liderar, de establecer vínculos sólidos, de colaborar… en definitiva de generar en los demás emociones positivas. El éxito en la vida está determinado por las emociones que generamos en los demás.

¿Qué consecuencias tiene no tener Inteligencia Emocional?

Por decirlo de una manera muy coloquial, no tener unos buenos niveles de Inteligencia Emocional pueden provocar una“explosión” que se manifiesta en forma de enfado o ira. Esta ira es normalmente la consecuencia de la frustración que sentimos al vernos incapaces de lograr nuestros objetivos.

Pero también puede provocar una “implosión”, una explosión hacia dentro que se manifiesta en forma de ansiedad. Ansiedad provocada por los miedos y las preocupaciones de las amenazas (reales o no) de nuestro entorno.

Si has llegado hasta aquí y quieres mejorar tu IE, te recomiendo que escuches el audio que acompaña a este artículo.