La discapacidad es un estado mental

Hoy, día 3 de diciembre de 2013. Ahora, a las 13:y pico horas. Acabo de llegar a mi casa de dar una charla de autoestima para un público especial. Discapacitados desempleados. Y no digo «especial» por el motivo que quizá estéis pensando.

Hablo sobre la autoestima en casi todos los talleres que imparto. Es un asunto recurrente, dado que es tremendamente importante. La experiencia, que es la mejor maestra, me ha enseñado qué ciertas preguntas formuladas a diferentes grupos de personas, suelen tener respuestas muy similares. Esto es una gran ventaja, porque si conozco de antemano las respuestas puedo preparar tranquilamente mis argumentos. Digamos que juego con ventaja.

Generalizando, una de las cosas que puedo deciros es que cada vez que le pido a alguien que me hable de sus capacidades, lo primero que hace es resoplar. Esa es la respuesta: un sonoro buffffffffffff. Me tengo que esforzar verdaderamente para lograr que alguien diga «soy muy bueno con los ordenadores» o «se me da bien el trato con la gente». Muy poca gente es consciente de sus capacidades, o como mínimo, es capaz de hablar de ellas con naturalidad.

Pero hoy ha sido distinto. Hoy, cuando he hecho esa misma pregunta delante de un grupo de supuestos «discapacitados», podría asegurar que he sentido mucha menos resistencia a hablar de sus talentos. Gran sorpresa. Gran lección. Desconozco los motivos. Quizá la gente les ha recordado tantas veces que había cosas que no podían hacer que se han aburrido de mencionarlo y han trabajado más en sus capacidades. No lo se, pero así es como lo he sentido.

Han hablado de la situación de desempleo, de la crisis, de esto y de aquello…, pero a nadie se le ha ocurrido hablar de su «discapacidad». en cambio en otros talleres, es muy habitual que la gente esté constantemente hablando de las cosas que no se sienten capaces de hacer.

Así que mi conclusión es clara: la discapacidad es un estado mental.

Quiero compartir con vosotros una de las diapos de mi charla (creo que la que más me gusta). Ante cualquier adversidad en la vida está en nuestra mano decidir que postura adoptamos: la de víctima o la de luchador. No es fácil reconocerlo, pero todos hemos optado por ser víctimas en alguna ocasión porque así conseguimos la atención y el cariño de la gente. Conseguimos ser el centro de atención. Además adoptar la postura de víctima es tremendamente sencillo. No requiere ningún esfuerzo.

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Pero podemos optar por la otra vía. Podemos decidir luchar. Y ¿en qué nos convierte eso? ¡En héroes! Una persona que lucha por conseguir algo a pesar de tenerlo todo en contra es un héroe con todas las letras (h -é -r -o -e). Quizá solo lo conozcan en su barrio pero eso lo le hace menos héroe.

Si has leído hasta aquí, te pregunto: ¿qué decides ser tu?

 

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