Mis 10 consejos para trabajar en casa (y no perder la cordura en el intento)

Años atrás, trabajar desde casa era un privilegio reservado a una élite. En la actualidad, varios factores han multiplicado el número de trabajadores hogareños: la proliferación del teletrabajo gracias a la omnipresencia de internet, las nuevas profesiones nacidas a la sombra del 2.0, la nueva hornada de autoempleados forzosos consecuencia de la crisis… A todos estos hay que añadir la inmensa cantidad de desempleados cuyo trabajo consiste precisamente en pasar horas y horas buscando trabajo frente a un ordenador. Para estos, aquellos y los de más allá, hoy que celebramos (¿celebramos?) el Día Internacional de los Trabajadores, quiero resumir, en estos 10 consejos, lo aprendido tras más de 13 años trabajando desde casa.

Efectivamente, trabajar desde casa tiene muchas ventajas: no pierdes ni tiempo ni dinero en desplazamientos, te ahorras el dinero del alquiler de un despacho, puedes abrir la puerta al repartidor de Mercadona, poner una lavadora entre una video-conferencia y la redacción de un mail y… y no se me ocurren más. Sí; parece mucho más bonito de lo que es. Vamos a por el decálogo que nos salvará de la locura.

1. Limita tu espacio de trabajo

Lo ideal sería poder dedicar una habitación de tu casa exclusivamente al trabajo, y no lo digo por la comodidad, no. Lo digo por poder cerrar la puerta cuando termines de trabajar. Comer, jugar al parchís y trabajar en la misma mesa acaba dando cosica. Si no dispones de habitaciones de sobra en tu casa, hay otras formas de separar vida y trabajo, como usar un biombo, o montar la mesa del trabajo en la parte más alejada del sofá… lo que sea que te permita tener la sensación de que has cambiado de escenario cuando terminas de currar.

2. Limita tu tiempo de trabajo

Es muy tentador aquello de «empiezo a trabajar cuando termine El programa de Ana Rosa y ya terminaré mientras la cena está en el microondas», pero a la hora de la verdad o limitas tu horario o no habrá ni horario ni vida. Por mucha profesión liberal que tengas, el mundo empieza a moverse a las 9 de la mañana. Y por muy bohemio que te creas, trabajar hasta las 3, acabará con tu vida social, tu pareja y tu vista…

3. Limita tus visitas a la nevera

¿Hace falta explicar este punto?

4. Limita las visitas

Quienes más tardan en entender que estar en casa no es sinónimo de estar disponible son tus amigotes. Si contestas a sus whatsapps el primer día, el segundo te llaman para contarte su fin de semana (ése que no saliste porque estabas en casa trabajando) y al tercer día acaban instalándose en tu sofá, comiéndose tus ganchitos y viendo Sálvame, mientras tú hablas por teléfono desde el balcón diciéndole a tu cliente que «te ha pillado en la calle» porque no quieres que los gritos de La Esteban acaben arruinando tu reputación.

5. Levántate y anda

Como será inevitable (te lo digo yo) que le eches más horas de lo recomendable (sobre todo los 9 primeros años, mientras te adaptas), levántate de vez en cuando y haz unos estiramientos. Sí, intenta tocar el suelo con la punta de los dedos o algo así si no quieres que tu silla de oficina modelo asequible de Ikea y tu cuerpo, acaben siendo una misma cosa.

6. Si tienes mascota, explícaselo bien claro

Es más fácil acostumbrar a una mascota a que respete tus horarios de trabajo que a cualquiera de tus amigos (garantizado). Si tienes perro, simplemente ignóralo durante tus horas de trabajo y acabará entendiendo que no puede estar todo el día panza arriba reclamando tu atención. Si tienes gato, no hagas nada; él hará lo que le dé la gana igualmente.

7. No eres multitarea

¿Crees que puedes ver Juego de Tronos y redactar un email al mismo tiempo? La sensación que tenemos todos los emprendedores de que somos multitarea es básicamente eso: una sensación. ¿Recuerdas aquel email en el que insultabas a un cliente, que  por error acabaste enviándolo al propio cliente? Apaga la tele. Las tareas de una en una. Sin nervios pero sin pausa.

8. No malcríes al cliente

Si tu cliente ve que le has mandado un mail a las 2 de la mañana, es muy posible que entienda que puede whatsappearte cuando le salga de la peineta. ¡Hazte el muerto! Que tu miedo a perder un cliente no haga que los clientes te hagan perder todo tu tiempo. Te han contratado por tus talentos, no les has vendido tu alma. Respétate. Edúcalos.

9. Las aplicaciones son tus amigas

Hay cientos y cienes de aplicaciones de productividad gratuitas que pueden ayudarte a gestionar mejor tus tareas y organizar mejor tu tiempo. Gestores de tareas, calendarios, recordatorios, gestores de proyectos, mapas mentales, pomodoros… La tecnología está de tu lado. Si tienes la pantalla del ordenador llena de post-its, te estoy hablando a ti. Tu tiempo es dinero, así que todo el tiempo que puedas ahorrar es dinero que puedes ganar.

10. Sal de casa

Lee muy bien lo que te voy a decir. Al menos dos días por semana, vístete, coge tu tablet y vete a algún lugar a trabajar. Puede ser un bar, un parque, una biblioteca… Sal de casa y deja de pasar el día entero en pijama y zapatillas. Acude a espacios de coworking donde el ambiente invite a colaborar y socializar antes de que sea demasiado tarde. Es difícil sentirse profesional llevando un pantalón de Bob Esponja día y noche.

11. (Bonus Track)

Búscate una oficina.

 

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