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El Método 10: Creencias limitantes “Superación”


En la anterior entrega de “El Método” hablábamos sobre el origen de las creencias limitantes. En esta ocasión¡ vamos a comenzar a superarlas!

¿Conoces La Fábula de Sócrates?

Un día un discípulo se Sócrates se acercó y le dijo y le dijo:

—Maestro, ¿sabes lo que escuché acerca de tu amigo?

—Espera un minuto —replico Socrates—. Antes de decirme nada, quisiera que pasaras la prueba de los 3 filtros a lo que vas a decirme.

—¿Los tres filtros?

— Primero el filtro de la verdad. ¿Estas absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?

—No, realmente sólo escuche sobre eso y….

– Ahora permite aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad, ¿Es algo bueno lo que vas a decir de mi amigo?

—No, por el contrarió….

—Entonces, deseas decirme algo malo sobre él, pero no estas seguro de que sea cierto… Pero podría querer escucharlo porque queda un último filtro: el filtro de la utilidad. ¿Me servirá de algo saber lo que vas a decirme de mi amigo?

—No, la verdad es que no…

—Bien —concluyo Socrates—, si lo que deseas decirme no es cierto, no bueno y no  es útil ¿Para qué querría saberlo?

¿Por qué te he contado esta fábula?

He pensado que podríamos usar los mismos filtros para cuestionar nuestras creencias limitantes. Piensa en una creencia limitante que hayas detectado y te esté fastidiando. Trata de reflexionar sobre las cuestiones que te planteo:

Primer filtro: VERDAD

  • ¿Es siempre e incuestionablemente cierta esta creencia?
  • Piensa en, al menos tres ejemplos en los que no se haya cumplido esa creencia.
  • ¿Podemos decir entonces que esa creencia no es cierta en muchísimas ocasiones?

Segundo filtro: BONDAD

  • Escribe qué consecuencias positivas ha tenido y tiene en tu vida vivir con esta creencia?

Tercer filtro: UTILIDAD

  • Todo lo que hacemos (consciente o inconscientemente) tiene una utilidad. ¿Cuál es la utilidad que tiene para ti vivir con esta creencia? ¿De qué te protege? ¿Qué te proporciona?+

Ejemplo: en el caso de la creencia que usamos como ejemplo en el podcast que acompaña a este artículo “quiero cambiar de sector profesional pero nadie me contratará porque no tengo experiencia”, quizá utilizarla nos proteja del miedo al fracaso, de aplicar a un trabajo y que no me llamen, de ir a una entrevista y sentirme en desventaja, de sentirme juzgado por querer cambiar mi estabilidad por una nueva aventura…

Por último hemos de formular una nueva creencia en positivo que elimine esta barrera.

  • Quizá en este caso sería: “estoy seguro de que habría muchas empresas que sí estarían interesadas en darme una oportunidad”.
  • La pregunta es ¿Qué hago para encontrarlas? Es decir, diseñar un plan de acción.

Ahora, con esta nueva perspectiva hemos salido del bloqueo, hemos sido honestos con nosotros mismos y hemos reconocido que sí hay algo que podamos hacer. Buscar la estrategia es tema para otro post, pero en este punto, al menos, ya hemos asumido la responsabilidad de que es nuestra inacción lo que nos tenía paralizados.

El Método 9: Creencias limitantes “Origen”

Hemos dedicado el noveno capítulo de “El Método” a las creencias limitantes, concretamente al origen de las misas. Puedes escuchar el audio o seguir leyendo.

¿Sabías que un elefante adulto pesa más de 6.000 kg y que mantenerlo preso es tan fácil como encadenar uno de sus pies a una estaca clavada en el suelo? Obviamente un animal de esta envergadura podría liberarse de la cadena que lo aleja de su libertad con un simple gesto, pero no lo hace. Ni tan siquiera lo intenta.

El motivo por el cual el elefante no se libera de su atadura es mucho más poderoso que unos eslabones metálicos. El elefante no rompe su cadena simplemente porque cree que no puede.

Cuando era un bebé y lo ataron a su cadena, seguramente lo intentó en muchas ocasiones, pero en ese momento le fue imposible liberarse. Aprendió que esa cadena era indestructible y años después, siendo adulto, sigue creyendo que es imposible. Así de poderosas son nuestras creencias.

Qué son las creencias

Antes de abundar en el tema de las creencias limitantes, tratemos de definir qué es una creencia. “Fumar provoca cáncer”, “en invierno hace frío”, “todos los hombres/mujeres son iguales”, “los vegetales son buenos para la salud”, “los mejores coches del mundo son los Ferrari”… Esto son sólo algunos ejemplos de creencias.

Las creencias son ideas que consideramos ciertas. Podríamos decir que una creencia es una unidad de información almacenada en nuestro cerebro. Nuestras creencias son verdades absolutas para nuestro cerebro.

Las creencias suelen tener un carácter de valoración binaria. Esto quiere decir que solemos creer que algo es malo o bueno. Puede que seas una de esas personas que odia el frío. El frío en sí mismo no es ni bueno ni malo, somos nosotros los que hacemos el juicio “el frío es malo” porque a menudo si pasamos frío nos resfriamos. ¡Pero también hay personas que disfrutan del frío! En este caso el mismo hecho en dos personas diferentes tiene un matiz totalmente opuesto.

Nuestras creencias proceden de nuestra experiencia, de nuestro entorno o de nuestra reflexión.

Un ejemplo de creencia adquirida por experiencia el de aquellas personas que quisimos descubrir por nosotros mismos qué pasaba cuando tocabas el fogón de una cocina encendida. ¡Qué dolor! Obviamente nos quemamos y, en consecuencia, aprendimos que “una cocina encendida siempre quema”. Una única experiencia fue suficiente para no volver a repetir la experiencia de manera deliberada. Es decir, adquirimos la creencia y la convertimos en generalidad. Un instante de dolor y una vida entera de precaución. Y es que cuanto mayor carga emocional exista en el momento de adquirir una creencia (dolor, en este caso), más firmemente queda grabada en nuestra mente.

Quizá en este momento estés pensando que “una cocina encendida siempre quema” no es una creencia, sino una certeza. Trataremos ese asunto un poco más adelante.

Muchísimas de nuestras creencias nos vienen dadas por nuestro entorno (familia, cultura, amistades, medios de comunicación…). Este tipo de creencias, que también podríamos llamar creencias heredadas, forman parte de nuestro conjunto de verdades absolutas sin tan siquiera habérnoslas cuestionado nunca. Simplemente asumimos que son ciertas. “Si estudias tendrás un buen trabajo”, “el Barça es el mejor equipo del mundo”… Todo nuestro entorno lo cree, así que las adquirimos sin más.

La propia reflexión es quizá la mejor manera de adquirir una creencia. Quizá eres de esas personas a quienes molesta sobremanera los días de lluvia. Un día tus reflexiones te hacen llegar a la conclusión de que el agua es muy necesaria para la agricultura y el suministro de agua en los hogares y concluyes que “es bueno que llueva”. ¡Has cambiado tu creencia gracias a tu felfexión!

Creencias y verdad

Pero ¿son ciertas todas las creencias? Seguro que estarás contestando mentalmente a este pregunta. Debes estar pensando algo parecido a “obviamente no”, o algo como “solo son ciertas las mías”. Entonces, si no todas las creencias son ciertas, ¿cómo podemos distinguir las ciertas de las que no lo son?

Dos amigos pueden tener creencias opuestas sobre un mismo asunto. Por ejemplo tu puedes pensar que “el vino es bueno para la salud” y un amigo tuyo puede creer que “el vino es perjudicial para la salud”. ¿Quién se equivoca? Tu amigo y tu podéis verbalizar infinidad de argumentos a favor y en contra de la ingesta de vino, argumentos incluso apoyados por la comunidad científica, y no llegar nunca a un acuerdo. La verdad es relativa, es personal, es subjetiva.

El hecho es que las creencias poco tienen que ver con la verdad. Creer en algo no significa que sea cierto, solo significa que tú lo crees. Millones de personas creyendo lo mismo no hacen que eso en lo que creen sea verdad. No hace mucho tiempo toda la humanidad creía que La Tierra era plana y el centro del Universo. Parece que hoy en día poca gente mantendría esta “verdad”.

Podría decirse que ni siquiera importa si nuestras creencias son ciertas o no, dado que no es este precisamente el criterio que utilizamos para adquirirlas. Lo que importa es si nuestras creencias nos favorecen o nos perjudican. ¡Esta es la cuestión!

¿Qué es una creencia limitante pues?

Una creencia limitante es aquella que nos impide alcanzar nuestras metas y por lo tanto nuestra felicidad. Creer que “soy un desastre para los idiomas” nos hace no esforzamos por estudiar idiomas, dado que estamos seguros de que fracasaremos. Creer que “viajar es algo muy caro” nos hace que ni siquiera nos planteemos unas vacaciones, incluso aunque sea una realidad que hay maneras de viajar muy baratas. Creer que “el amor siempre duele” nos hace evitar las relaciones, incluso aunque pensemos que queremos tener pareja, nuestra creencia nos hace protegernos del amor a tal punto de llegar a frustrar relaciones incipientes… Esto es lo que la psicología denomina autosabitajes. Nos autosaboteamos constantemente. Nadie más que nosotros mismos nos impide, en la mayoría de las ocasiones, crecer, desarrollarnos, lograr metas, ser felices…

En la próxima entrega de “El Método” hablaremos de cómo gestionar nuestras creencias limitantes. Podrás escucharlo y leerlo aquí en tan sólo unos días.