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El Método 6: Hábitos poderosos

Hoy en «El Método» de Onda Cero hemos hablado de qué son y cómo podemos crear hábitos poderosos.

Hábitos son comportamientos repetidos regularmente, que requieren de un pequeño o ningún raciocinio y son aprendidos, más que innatos. Los hábitos se forman y operan de manera separada a la parte responsable de nuestra memoria, lo que quiere decir que a penas nos requiere esfuerzo ejecutarlos. Es aquí donde radica su valor. Si consigo incorporar todos los hábitos que me proporcionarán tener el estilo de vida que deseo, lo lograré sin aplicar una gran gasto de energía.

El conjunto de nuestros hábitos forma nuestro estilo de vida.

Cambio radical de vida Vs. nuevo estilo de vida

En muchas ocasiones llegamos a un punto en que nos decimos «no puedo seguir así» y nos proponemos un montón de objetivos a cumplir en un breve espacio de tiempo. «A partir de hoy, todos los días al gimnasio», «no tomaré alcohol nunca más», «llamaré a mi madre todos los días», «escribiré un libro la semana que viene…»

Estos planteamientos son muy positivos, desde luego, pero requieren de un gran golpe de motivación mantenido durante un tiempo. Este puede ser el problema. Hay personas que logran mantener esta motivación el tiempo suficiente como para lograr sus objetivos, pero la mayoría de nosotros, abandonaremos antes de lograr nuestras metas.

La incorporación de hábitos enfocados a la consecución de las mismas metas, pero sin poner tanto el foco en la fecha de cumplimiento de las mismas, es una manera mucho más realista y efectiva de lograrlas. El objetivo es lograr incorporar hábitos de una manera paulatina hasta lograr que no nos requieran gran esfuerzo.

¿Por dónde empezamos?

Te sugiero que te hagas estas dos preguntas:

· ¿Tu estilo de vida te acerca a tus objetivos?
· ¿Qué hábitos debería incorporar en mi vida para ser la persona que quiero ser?

Para poder responder a esta última pregunta estaría bien hacer una lista de todos los objetivos que quiero lograr. Luego escribir al lado de cada objetivo a qué propósito/s obedece cada uno de estos objetivos (echa un vistazo a mi artículo sobre los propósitos). Es momento entonces de empezar a crear la lista de los hábitos que harán posible la consecución de los objetivos de la lista.

Una vez que tengas tu lista de hábitos te sugiero las siguientes recomendaciones.

  1. Elige el momento adecuado para comenzar y hazlo de manera progresiva. Por ejemplo, si quiero ir al gimnasio 4 veces por semana, lo recomendable es acudir una vez la primera semana, dos veces la segunda… etc. Así hasta lograr la frecuencia deseada.
  2. No es necesario comenzar con todos los hábitos a la vez. Quizá sea mejor incorporar un segundo hábito cuando el primero ya no nos supone a penas esfuerzo.
  3. Modera tus expectativas y no estés pendiente de los resultados. Por ejemplo si tu objetivo es alcanzar un determinado peso corporal, no te peses muy frecuentemente. Quizá una vez al mes sea suficiente.
  4. Ten claro a qué propósito obedece este hábito que estás incorporando, sobre todo en momentos en que puedas flaquear.
  5. Permítete fallar. No te castigues si no cumples tu programa a rajatabla. Tropezar no implica que no has caminado, sólo que has de volver a levantarte para continuar.
  6. ¡Celebra cada éxito! Es inportantísimo valorar los logros para mantener la motivación y que tu subconsciente asimile que lo estás haciendo bien.
  7. Por último te recomendaría llevar un diario donde anotar la frecuencia y comentarios respecto a tus hábitos. Esto hará que puedas evaluar tu progreso de manera más tangible.

Ahora que conoces una mejor manera de proponerte un cambio de vida para el año que se acerca… ¿Qué hábitos te propondrás para 2019?

 

Julio Rosales Propósitos

El Método 4: Propósitos


Hoy en «El Método» hemos hablado de propósitos. Se acerca el nuevo año y generalmente nos planteamos muchos propósitos que cumplir. ¿Lo logramos?

Para empezar… ¿qué es un propósito? Habitualmente confundimos objetivos con propósitos y si bien se parecen, hay una diferencia sustancial.

Un objetivo es algo que queremos lograr o tener, es concreto, es tangible. Una vez que hemos conseguido un objetivo ya no tenemos que seguir trabajando en ello. Por ejemplo, si mi objetivo es comprar un coche, una vez que lo he comprado no tengo que seguir trabajando en ello.

Un propósito va más allá, es algo que deseamos que sea constante en nuestra vida. Es intangible y por lo general tenemos que trabajar en ello de manera constante. Ejemplos de propósitos son: gozar de buena salud, pasar tiempo de calidad con mi familia, conocer nuevas culturas…

¿Para qué? La gran pregunta

Siguiendo con el ejemplo del coche (objetivo), es fácil averiguar el propósito al que obedece si nos preguntamos «¿para qué quiero un coche». Una respuesta podría ser «para visitar a mi familia con frecuencia». Este es el propósito de mi objetivo. «Estar con mi familia», como puedes ver es menos tangible, más emocional y deseamos que sea un continuo en nuestra vida.

De esta manera si hacemos una lista de todos los objetivos que queremos alcanzar podemos comenzar a averiguar nuestros propósitos de vida preguntándonos «¿para qué quiero cada uno de ellos»? ¿Para qué quiero un coche?  ¿para qué quiero adelgazar 4 kg.? ¿para que quiero estudiar medicina…?

Es fácil caer en el error de preguntarnos «¿por qué?» en lugar de «¿para qué?» pero si prestamos un poco de atención vemos que la diferencia en las respuestas es muy evidente. Cuando contesto a un «¿por qué?» la respuesta es un argumento. Por ejemplo, a la pregunta «¿por qué estudio medicina?»  la respuesta podría ser «porque tiene mucha salida». Esto es un argumento lógico, una justificación, pero no un propósito.

Los argumentos los formulamos con nuestro «cerebro racional» y por lo general son posteriores a la toma de decisiones. La mayoría de nuestras decisiones las toma nuestro «cerebro emocional» y es ahí donde está la clave. En realidad lo que te estoy diciendo es que primero decides y luego argumentas. ¿No te lo crees?

Suelo poner el mismo ejemplo en mis talleres para entender este proceso. Cuando ves unos preciosos y carísimos zapatos en un escaparate  y te enamoras de ellos, tu decisión de comprarlos ya está tomada. Tu «cerebro emocional» ya ha tomado la decisión (aunque prefieras pensar que no es así). Las cosas que te dices a continuación del tipo «son de muy buena calidad, me combinan con casi toda mi ropa, tengo dos bodas este año y los necesito, me lo merezco…» todo esto son argumentos posteriores a tu decisión. Insisto: pos-te-rio-res. En este ejemplo el objetivo son los zapatos, la respuesta a «¿por qué los compras?» son la lista de argumentos que acabo de describir, pero el propósito real lo conoces preguntándote «¿para qué» La respuesta podía ser «para ser una persona elegante». Esto es un propósito que muy probablemente es muy importante para ti.

¿Para que debería conocer mis propósitos?

Una vez que te has preguntado «para qué» a todos tus objetivos tenemos una lista de propósitos. Bien, ahora debes seguir preguntándote «para qué persigo estos propósitos». La respuesta final debería ser «para ser feliz» y si no es así, se impone una reflexión.

«¿Para que quiero estos zapatos? Para ser elegante. ¿Para qué quiero ser elegante? Para gustarme y gustar. ¿Para qué quiero gustarme y gustar? Para ser feliz. Esta cadena de respuestas que acaban en felicidad es a lo que llamamos objetivos alineados con propósitos. Es decir, son coherentes para ti.

Si cuando te hagas la pregunta mágica repetidamente al final no te puedes responder «para ser feliz», hemos encontrado un objetivo que no está alineado con tus propósitos. Toca reflexionar sobre la necesidad de perseguir ese objetivo. Quizá estás persiguiendo objetivos muy populares, objetivos que en la sociedad son muy comunes, pero quizá no están alineados con tus propósitos.

El conjunto de todos los propósitos que obedecen al gran propósito SER FELIZ conforman tu propio concepto de felicidad. Acabas de descubrir lo que verdaderamente te mueve.

Además, cuando conocemos nuestros propósitos quizá descubramos que tenemos más maneras de lograrlos de las que pensábamos. Si yo no puedo comprarme ese coche (objetivo) que me proporciona la movilidad familiar (propósito), me debería preguntar : «¿de qué otras maneras puedo obtener la movilidad familiar que deseo?» ¿Un coche más barato? ¿Transporte público? En definitiva podemos comenzar a buscar alternativas que cubran nuestros propósitos, porque recuerda que haciéndolo estarás preservando tu propio concepto de felicidad.

Sobre la mejor manera de trabajar en conseguir nuestros propósitos hablaremos en una próxima entrega de El Método. Podrás escucharlo en este blog, en mi canal de ivoox o en directo todos los miércoles en Onda Cero Catalunña.