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El Método 1: Adictos a la queja

Ayer inauguramos una nueva sección semanal en el programa La Ciutat de Onda Cero, presentado por la brillantísima Mónica Günther y donde trataré cada miércoles en directo aquellos asuntos que más recurrentemente trabajo con mis clientes de Coaching. ¡Escucha el audio!

En esta primera entrega hablamos de lo que para mí es el comienzo de cualquier proceso de desarrollo personal: aceptar la responsabilidad y eliminar la queja.

La responsabilidad

Hemos de asumir la responsabilidad de nuestras acciones y no acciones. Aceptar que las cosas que nos sucedan depende de nosotros en mucha mayor medida de lo que solemos pensar.

Lo primero que me gustaría es desterrar la palabra culpa de nuestro vocabulario. La culpa es un concepto muy dañino. La culpa implica arrepentimiento y penitencia y en los asuntos que vamos a tratar no caben estos conceptos. Por eso hablamos de responsabilidad. Cuando uno asume la responsabilidad el siguiente paso es pasa a la acción, y eso es lo que nos interesa.

Está muy extendido en el ámbito del desarrollo personal que “si quieres puedes conseguirlo todo” y a mi tampoco me gusta este concepto, porque si bien creo que se pueden conseguir grandísimas cosas en la vida, que se puede conseguir prácticamente todo lo que se desea, siempre hay factores externos que no dependen de nosotros que también juegan un papel importante.

De esta idea surge una frase que un día me brotó durante uno de mis talleres y que se ha convertido en el lema de todo mi trabajo. “Nada de lo que hagas puede garantizarte el éxito, pero cada cosa que haces multiplica las posibilidades”.

Una de las cosas que más nos desmotiva a la hora de afrontar cualquier reto es el no tener garantías de éxito. Nada de lo que hagamos lo puede garantizar. Esto es una de las cosas más importantes que deberíamos aceptar. Nuestras acciones aumentan o disminuyen nuestras posibilidades. Es nuestra decisión hacer lo que esté en nuestra mano para multiplicar las posibilidades de que lo que queremos que suceda, suceda. Para mi la vida es el juego de aumentar las posibilidades.

La adicción a la queja

Si, somos una sociedad adicta a la queja, al victimismo… ¡nos gusta mucho un drama! Pero ¿por qué?

Hay factores culturales. Nuestros valores y nuestros principios, seas religioso o no, son herencia directa del juedo-cristianismo. Nuestra religión es una oda al dolor y al sufrimiento y acabamos concluyendo que no somos buenos si no sufrimos.

Por otro lado la queja es muy útil. Todo lo que hace nuestra mente tiene la función de favorecernos, aunque en muchas ocasiones parece todo lo contrario. ¿Qué obtenemos mediante la queja y el victimismo?

  1. Coexión social, es decir, el apoyo de los que nos rodean, el calor humano, y esto es algo que siempre gusta, ¿o no?
  2. La queja nos resta responsabilidad y requiere de menos esfuerzo. Es más fácil emitir una queja o manifestar que algo es «tremendamente difícil» o que «carecemos de lo necesario» para alcanzar una meta, que trabajar de verdad en la consecución de la misma.
  3. El desahogo. Acepto que sienta bien desahogarse, pero a esto también hay que ponerle límites. Si abusamos de la queja podemos acabar siendo personas tóxicas, porque si algo contamina el ambiente es una buena lista de quejas y lamentaciones.

La elección

Ante una situación dramática, problemática o conflictiva es nuestra decisión posicionarnos en el victimismo o en la lucha. Con el victimismo obtenemos la palmadita, sí, pero un estado de ánimo anclado en la apatía. 

¿En qué nos convertimos si decidimos luchar? Nos convertimos en héroes, en algo mucho más grande de lo que éramos.

Yo nunca pertenecería a una asociación que se llamara “Victimas de…” yo preferiría siempre pertenecer a una que se llamara “Luchadores contra…”.

¿Qué opinas?

 

Automotivación: Julio Rosales en Onda Cero (05/08/2014)

Esta es mi intervención en el programa La Ciutat de Onda Cero con Mónica Günther y Eduard Pascual. Hablamos de cuales son las claves para generar y mantener la automotivación a la hora de conseguir nuestros objetivos.