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El trauma de nacer

Todos los seres humanos experimentamos una profunda ansiedad en el momento de nacer y esta será la base de futuras angustias.

—Otto Rank «El Trauma del Nacimiento» (1924).

Hace años que pienso en esto de manera recurrente. Sobre todo cuando, con el paso de los años, observo que hasta la persona con la infancia más feliz arrastra algún tipo de trauma o neurosis. Algo tiene que suceder al común de los humanos para que incluso bebés de meses manifiesten filias y fobias desde el momento del alumbramiento (amén de los rasgos de personalidad heredados genéticamente).

Los dolores del parto no son solo para las madres. Más traumático ha de ser, pienso yo, salir del paraíso por una cavidad estrecha que deforma nuestro cráneo. Una sensación no menos impactante debe ser llenar los pulmones de aire por primera vez.

Hace tiempo escuché en un documental de la tele (no me acuerdo dónde), que en realidad la gestación humana debiera ser más larga de lo que es, pero que el aumento considerable de tamaño de nuestro cráneo, consecuencia de la rápida la evolución de nuestro cerebro, hace que «no quepamos» por más tiempo en el vientre materno. Por eso somos el animal que nace con menos recursos de autonomía, es decir, somos totalmente dependientes de nuestra madre durante mucho tiempo.

Si el cerebro de un niño es una esponja virgen, el de un recién nacido lo imagino como un gran disco duro casi sin estrenar, y lo primero que percibe del mundo «exterior» es dolor y hostilidad. Por eso me parece que mucho ha de haber de cierto en lo que propuso Otto Rank hace casi un siglo, y muchos que científicos a posteriori respaldan.

¿Podrían prevenir futuros traumas los nacimientos por cesárea? No me atrevo a afirmar tal cosa (quién soy yo para eso), pero si yo fuera una mujer embarazada, creo que me lo plantearía seriamente.